El monstruo se confronta a sí mismo

En Venezuela, país donde lo insólito ha dejado de ser excepción para convertirse en plena normalidad, la irrupción de ciertos acontecimientos no debería sorprendernos; estamos obligados a leerlos como síntomas de un proceso más profundo, casi subterráneo, de la actual reconfiguración del poder, bajo el impulso de la inteligencia norteamericana.

En tal contexto, el caso de Alex Saab, erigido en símbolo de una trama internacional de opacidad, sanciones y disputas geopolíticas, abre paradójicamente, una peligrosa puerta que no solo interpela al sistema, sino que lo enfrenta consigo mismo, porque, en efecto, cuando el engranaje comienza a tambalear desde dentro, el monstruo no tiene más remedio que mirarse al espejo, y es justo lo que ocurre en este preciso momento.

Ahora bien, conviene desmontar una premisa que se utiliza con frecuencia, como justificación jurídica: la inexistencia de un tratado de extradición entre Venezuela y los Estados Unidos no constituye, en modo alguno, un obstáculo insalvable para la entrega de ciudadanos requeridos por la justicia internacional, la práctica del derecho internacional contemporáneo demuestra que, mediante figuras como la deportación administrativa, la expulsión por razones de seguridad o la cooperación judicial indirecta, siempre emerge algún resquicio legal desde el cual articular la remisión de individuos señalados por delitos de alcance transnacional, en consecuencia, la soberanía no puede seguir invocándose como escudo absoluto frente a la exigencia de rendición de cuentas, por parte de criminales de la talla existentes en Venezuela.

En este orden de ideas, lo que el caso Saab pone en evidencia no es únicamente........

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