Asedio a la democracia |
Si me pidieran una opinión sobre el curso político internacional durante 2025, diría: fue un año muy malo para la democracia, opinión avalada con hechos. La fundamentaré con otra opinión: durante 2025 comenzaron a tomar formas antagonismos que apuntan hacia un nuevo orden a nivel mundial, y ese orden tiene como escultores a cuatro imperios: China, Rusia y los Estados Unidos, y – esto es lo nuevo -un cuarto imperio que me atrevería a llamar supranacional formado por los poseedores de la tecnoeconomía digital, cada uno apoyado por sub-imperios, o potencias mundiales intermedias.
Una nueva era imperial
Cuatro imperios muy diferentes en su composición interna, en sus orígenes, en sus ideologías.
China es un imperio económico como no ha habido uno igual en la historia, uno cuya expansión no precisa de soldados, sino de inversiones, exportaciones y préstamos. Por eso mismo China, como advirtió Trump, es el imperio más cercano al imperio supranacional al que nos referiremos.
Rusia es un imperio tradicional del siglo XlX, un crustáceo prehistórico si se quiere, pero con una dotación militar correspondiente al siglo XXl cuyo objetivo es recuperar a la “Rusia histórica” (aunque nadie sabe bien donde comienza ni donde termina).
Estados Unidos, desde el comienzo de la “revolución trumpiana” (sí, revolución) ha pasado a transformarse, además de ser una gran potencia económica, militar y cultural, en un imperio político y territorial, tal como lo ha diagramado la ominosa pero sincera “Estrategia de Seguridad Nacional” norteamericana, avalada como positiva desde el Kremlin, hecho que convierte por el momento a los EE UU en un aliado objetivo de Rusia.
A diferencias de China, los imperios ruso y norteamericano están pasando por una fase de reacomodamiento territorial. La invasión a Georgia, Chechenia y Ucrania, más la creación de un área de influencia rusa formada por Hungría, Serbia, Eslovaquia y otras naciones que seguirán el mismo rumbo, forman parte del proyecto de expansión territorial inter-europeo de Vladimir Putin. La formación de una América del Sur pro-norteamericana, más la cooptación política de gobiernos europeos antiunitarios, la apropiación territorial de Groenlandia y del Canal de Panamá, son objetivos expansionistas de los EE UU de Trump.
Y, no por último, la novedad del siglo: por sobre el capital industrial y financiero que en tiempos ya lejanos fueron teorizados por el austriaco Hilferding y el ruso Lenin como inicio de la “última fase del capitalismo”, por sobre la división semi-maoísta que popularizó André Günder Frank entre metrópolis y lossatélites en los años setenta (ya casi nadie se acuerda de eso, pero en su tiempo fue muy importante) , y por sobre las economías-mundos que hizo famosas a las teorías de Emmanuel Wallerstein, ha aparecido una nueva “capa imperial” de carácter supranacional formada por grandes consorcios, también supranacionales, que controlan la tecno-economía de nuestro tiempo. Algunos autores ingeniosos nos hablan incluso de un nuevo feudalismo cuya monarquía adquiere una forma global.
Se quiera o no, vivimos una nueva fase imperial e imperialista en vías de formación cuyas repercusiones actuarán en todos los ámbitos incluyendo los de la política que, como ya anticipamos, se encuentra en estos momentos caracterizada por un retroceso cuantitativo de las democracias a nivel mundial.
Como han destacado los investigadores Nic Cheseman, Matías Bianchi y Jeniffer Cyr: “En una investigación publicada en el Journal of Democracy, descubrimos que desde 1994, de los 19 países que experimentaron un periodo de autocratización y luego recuperaron con éxito su nivel anterior de democracia, 17 comenzaron a retroceder nuevamente en cinco años. En lugar de volver a la normalidad, las instituciones democráticas siguen dañadas” Y agregan: “Hoy en día, los gobiernos del espectro autoritario (incluidos muchos que celebran elecciones, como India) representan juntos más del 70 por ciento de la........