Campeones en el deporte y en la paz |
Decíamos en nuestra tertulia, que ni Sun Tzu, ni Mao Tse-tung, sobre quienes ha girado el mundo sobre su visión de la guerra, aunque con 25 siglos de diferencia, tampoco Carl von Clausewitz hace menos de dos siglos, con su libro clásico De la Guerra donde nos dice que “la guerra es la continuación de la política por otros medios”, fueron tan prolíferos como la teoría que ha surgido en Venezuela, alimentando el espíritu de guerreros; y ahora, cuando el deporte venezolano se convirtió en un símbolo de resiliencia y unión nacional frente a una profunda crisis sociopolítica, culminando con la histórica victoria del país en el Clásico Mundial de Béisbol ante Estados Unidos en Miami, que pese a la inestabilidad y conflictos, según el comento, el béisbol sigue siendo la principal fuente de esperanza y alegría. Comenta la prensa que el triunfo llegó tras un período de alta tensión política, marcado por la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores por parte de Estados Unidos, cuyo acto concluyo para la sorpresa inesperado de muchos con la asunción de Delcy Rodríguez como presidenta encargada.
Sincerando nuestra opinión, nunca nos imaginamos el estado situacional de la política en nuestro país después de las controversiales acciones tomadas por los Estados Unidos que culminaron con las del 3 de enero. Antes, la inestabilidad en Venezuela había provocado la pérdida de la sede de la Serie del Caribe 2026 originalmente a conducirse en La Gran Caracas, la cual fue trasladada a Guadalajara, México, debido a que equipos caribeños manifestaron inseguridad para viajar.
En cuanto al campeonato de pacifico del venezolano, tenemos que insistir en lo que siempre hemos dicho, que Venezuela es un país de paz.; en sus discursos, el venezolano se refiere a Venezuela y a su gentilicio como amantes de la paz. Se dice que la guerra en Venezuela solo se justifica para hacer reconocer o recuperar la soberanía y expresa con orgullo, que sus fuerzas armadas solo han salido de las fronteras para libertar otras repúblicas.
En Venezuela el término guerra fue abolido de la Constitución y legalmente solo existe en los textos militares, por ser obvia la función principal de las fuerzas armadas de prepararse para hacer la guerra, aunque eufemísticamente se la justifica como un medio para lograr la paz y, constitucionalmente se justifiquen las fuerzas armadas como un medio para la defensa nacional. Pero, aun cuando negación o justificación, políticamente el venezolano se ha vuelto guerrero y violento, dando rienda suelta tanto a la palabra como a la acción para, en cualquiera de sus formas agredir al opositor, sea éste adversario o compañero. En la actualidad, la guerra como idea y amenaza estuvo a flor de labios en el presidente de la República, cuando todas sus acciones políticas y de gobierno las planificaba, programaba y manejaba bajo un criterio militarista. La organización de sus actos de gobierno la hacía mediante el empleo de los términos de batallones y teatros para la guerra, y calificaba las acciones como batallas, concluyendo siempre en el enfrentamiento bélico; para él toda acción era una batalla.
Dentro de este contexto, la práctica de la guerra sucia cobró fuerza y vigencia, especialmente emprendida por políticos en defensa de sus partidos o de sus copartidarios y por mucho tiempo fue el arma más poderosa en la connivencia política gubernamental y esto, lamentablemente es lo que mantiene hoy en su mente el venezolano, lo cual le impide ver o apreciar el cambio indiscutible que ha ocurrido en el país a consecuencia de la pérdida del raciocinio ininteligible hoy cuando se habla de un mando presidencial extranjero y de querer imponer un gobierno tutelado. Al respecto, queremos insistir en un tema que tratamos antes y sobre el que hemos percibido gran indiferencia como muchos venezolanos lo afrontan, como si fuera una mera circunstancia de simple diatriba política, sin percibir los efectos antipatria internacionales, que ponen en perjuicio nuestra identidad y la libertad que recordamos y tanto pregonamos como acontecer histórico exaltando al Padre de la Patria. Nos referimos a muchos venezolanos que se hacen solidarios con conceptos que emiten comentaristas, opinantes y líderes políticos extranjeros, quienes, en el juego político, atacan todas las acciones que toman quienes, quiérase o no, son nuestros representantes en el espectro internacional. Olvidan que los gobernantes de nuestro país están allí por la desidia de nuestros líderes políticos, quienes en su lucha por “posicionamiento”, ladinamente promovieron la errática abstención y luego pidieron a otros países “amigos” que calificaran el proceso electoral como “ilegitimo”, olvidando que el voto es la forma constitucional como se ejerce la soberanía. Pero de mayor gravedad es que traten de engañar al ciudadano común, haciéndole creer que ese renacer del venezolanismo extranjero es una acertada política nacionalista.
No hay dudas, la situación política es compleja, y en bien de la democracia veamos como positivo el acontecer legislativo para mejorar la economía petrolera, el interés por amnistiar el pasado político y la liberación de los presos políticos. Debemos desenredar la madeja de la desidia para entender la extraña situación política del país y aprovechemos el favor de la alegría de los triunfos deportivos y culturales para la ansiada reconciliación por la paz.