Maduro ante la justicia

Escribo este artículo bajo los primeros efectos de la espectacular operación mediante la cual fue capturado y trasladado a Nueva York el dictador Nicolás Maduro. Durante los últimos cuatro meses sostuve la tesis de que el usurpador no cedería ante los llamados de la comunidad internacional para buscar una solución “diplomática” y negociada. 

Señalé que la única forma de que abandonara la usurpada posición de poder sería por la fuerza. Planteé, además, la necesidad de que fuera sometido y arrestado con vida para que rindiera cuentas ante la justicia. Hoy tengo la satisfacción de ver materializado ese planteamiento.

No puedo, entonces, ocultar mi satisfacción de que un personaje tan nefasto, tan perverso y tan deshumanizado tenga que responder por una parte de los múltiples crímenes cometidos. Y digo una parte, porque la investigación y el enjuiciamiento que enfrenta en la corte neoyorquina se refieren únicamente a asuntos de interés e impacto directo para los Estados Unidos.

Los crímenes cometidos contra la nación venezolana —las miles de muertes impulsadas y/o ordenadas por él; los millares de torturados,........

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