Cuando el miedo se confunde con el respeto |
No hay duda de la dificultad que entraña disertar sobre la dualidad que comporta: miedo y respeto. Entre ambos estados, tiende a establecerse una delgada línea y que, según las circunstancias que rodean la situación que sus repercusiones comprometen, llegan a lucir cual invisible frontera. Precisamente, sería ahí donde pudiera confundirse el miedo con el respeto.
Es ahí donde podría inferirse la incidencia de un límite difuso entre el temor y la veneración toda vez que se ha asentido que miedo y respeto, propenden a actuar como dos caras de un mismo abismo. O indagar ¿dónde acaba el miedo y comienza el respeto? Más, cuando pareciera propio hablar de cierta ambigüedad entre el temer y respetar.
Equilibrio frágil
Expuesto lo anterior, podría aceptarse que, entre miedo y respeto, existe un equilibrio frágil. Pero sin que por ello pueda dejar de evidenciarse la tensión propia que se establece a consecuencia de la coerción que todo sistema político ejerce en aras del control político que su permanencia requiere. Desde luego, que concebida dicha situación, como problema político, permite dar cuenta cómo emerge el poder en su relación con la autoridad y la percepción ciudadana. Son, ordinariamente, las circunstancias que enmascaran el miedo y el respeto, en términos de la dualidad que sus efectos configuran.
Es así que, en la perspectiva de esta disertación, cabe aludir a la imposición del miedo como política pues si bien se entiende como criterio de gobierno, el respeto se impone mediante amenazas. Amenazas, que por la misma inercia que su condición arrastra, se convierte -muchas veces- en hechos de fuerza insinuados o instados a través de órdenes o medidas políticas entendidas por la teoría política como “sombras de autoridad”.
La “coerción” como problema
Este es uno de los problemas cardinales que generalmente padece la ciudadanía. Particularmente, al supeditarse el conjunto de grupos humanos -sin mayor atención o coherencia........