“Administración”, disciplina del Desarrollo (Primera parte)

De “administración”, mucho se ha escrito y evidenciado. Tanto, que ella se ha formulado múltiples definiciones. Sin embargo, un concepto que envuelve su mejor esencia, pareciera aún no tenerse. Aunque, a dicho respecto, ha habido nutridos esfuerzos. Quizás, entre los más cercanos a la exactitud conceptual que sus procesos, fundamentos y enfoques implican, especialmente de cara a las exigencias que las realidades exponen, hacen ver a la “administración” como la fuente de procesos cognitivos y operativos que hacen posible que todo conocimiento se convierta en el verdadero capital de la dinámica social y económica de empresas, instituciones y organizaciones de toda índole.

Aún así, sus implicaciones siguen siendo debatidas en el marco de los problemas derivados del discurrir de las organizaciones, empresas e instituciones que buscan imbuirse en medio de los compromisos que acontecen alrededor de los procesos de crecimiento y desarrollo que propenden a favorecer toda sociedad. 

Implicaciones de la “administración”

La necesidad que ha llevado la “administración” a compenetrarse con las exigencias de los negocios que apuntalan la condición de “empresa” al lado de los criterios de innovación que corresponden a los respectivos procesos tecnológicos y de orden organizacional, determinan nuevas necesidades. Consideraciones estas que obligan a plantearse, ante los nuevos tiempos, preguntas que sitúan a la “administración” al borde de agudos desconciertos conceptuales. Habida cuenta que los conceptos indagados, deberán ser capaces de arar más en profundidad los cimientos teórico-metodológicos que han dado espacio a las razones epistemológicas sobre las cuales se justifica su construcción teórica.

Es así que luego de haber revisado a la “administración” como disciplina del hacer y ciencia de la ejecución, la inercia de la dinámica que le imprime movilidad al contexto temático y discursivo propio del debate en curso, induce a preguntarse ¿y ahora, ¿qué es la “administración” o cómo se concibe? Por esa razón, la presente disertación, escogió el camino teorético que conduce a analizar la “administración” entendida como disciplina del desarrollo. Especialmente, por cuanto el más inmediato análisis, lleva a notar que la vida humana -por dónde y cómo se vea-, tropieza con la “administración”. No hay modo de evitarla. Cualquier camino a recorrer pasa o conduce a la “admnistración”.

Y es natural que así suceda pues la vida humana, por cualquier ruta andada, se topa con ella. Bien para ordenar, regular, tasar, ubicar, manejar, controlar, planificar y evaluar o cuestionar sus cometidos. Tanto que la “administración”, por dicha causa, es considerada “función social”. Y como lo describe Peter Drucker en: Las nuevas realidades (1980) Editorial Norma, dicha responsabilidad “(…) hace que afronte sus más serios desafíos”.

Por ahí, apunta la ruta metodológica y hermenéutica revisada para demostrar la hipótesis que intitula este análisis toda vez que busca resolver el dilema que su descripción envuelve. Los siguientes criterios, intentan establecerla:

Primeramente, podría manifestarse que si de la “administración” dependen los resultados que determinan los logros de toda organización, entonces no habrá duda de que las decisiones administrativas se tornen en el “factor crítico determinante” a dicho respecto. Por lo tanto, tan particular relación, da cuenta del carácter funcional y categórico que detenta la “administración” para el desarrollo. Sobre todo, porque de hecho son personas quienes dan forma, aforo y propósito a las organizaciones.

En segundo lugar. A pesar de lo trascendente del papel de la “administración” vista como disciplina del desarrollo, es propio no desconocer su legitimidad como función social lo cual debe comprenderse, incluso validarse, como consecuencia de “poder” que compromete la elaboración y toma de decisiones. Algunas de las cuales, son “políticas”. El problema podría aminorarse, si las mismas se formulan de modo discrecional y especificando que su alcance social alcanza amplios conglomerados. Basado en motivaciones económicas y criterios laborales claros. 

No hay duda de la influencia que tiene la cultura organizacional, tanto como la cultura personal, profesional y local, para la “administración”. Considerar tan relevante factor, bien puede ser aporte al afianzamiento y consolidación de la praxis administrativa.

Igualmente, otra razón que puede constituirse en cimiento capaz de justificar el aseguramiento y fortalecimiento de la “administración”, se halla en los valores y objetivos que imprime la Filosofía de Gestión toda vez que la misma afiance la visión y misión de la organización. Habida cuenta de que su propuesta redunde en inducir la motivación al logro necesaria que incite la identidad, la pertenencia y la pertinencia del colectivo administrativo y operativo de la organización en cuestión.

Comprender a cabalidad la relación que, en términos de la complejidad de la gestión administrativa, exige cada proceso. Por consiguiente, dicha responsabilidad estimula una vinculación entre “administración”, gobernanza y gobernabilidad. Razón por la cual debe atenderse entenderse y medirse y cotejarse cada decisión que comprometa el devenir de la organización lo cual hace que la “administración” adopte la figura de “instancia de enseñanza y aprendizaje”. Así deberá velar por el crecimiento profesional de los miembros de la organización pues de su participación en cada ápice de los procesos respectivos, dependerá el nivel de garantía sobre el cual devendrá el éxito. Por tanto, su contribución al desarrollo esperado.

La “administración” debe actuar apegada al hecho de aceptar que sus productos, servicios o resultados, sean evaluados con la más alta calificación posible. De manera que los resultados de la organización, sin duda, serán lo que la gestión administrativa, determine en función de las estrategias seguidas y de las pautas operacionales que asuman ante la comunidad de empleados que funjan de artífices de los distintos procesos que la organización encargue.    

Considerar el “liderazgo ético” del administrador plantea revolucionar el papel del administrador situándose como gestor y promotor de procesos administrativos transparentes y responsables en organizaciones de desarrollo.

Si bien, los anteriores criterios, arreglos o prescripciones, buscan completar el tránsito metodológico y hermenéutico propuesto, las realidades revelan serias trabas que no hacen fácil el empeño dirigido a ver en la “administración” un soporte garante del desarrollo. Particularmente, en países situados en el “patio trasero” del desarrollo. O sea, con economías emergentes, con alta desigualdad o con un medio o bajo índice de desarrollo humano. 

A este respecto, se conocen empresas que vivieron agudas crisis (2008). Que además alcanzaron los límites o niveles de resistencia de la “administración convencional” lo cual indujo a dar todo lo posible de sus capacidades, sin que los resultados obtenidos lograran los objetivos trazados. Aún así, esta disertación apuesta a dar cuenta de que es la“administración”, disciplina del desarrollo.   


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