Atrevámonos a esculpir un espacio donde reclamar una nueva forma de hacer ciencia también humana, justa y decidida

¿Cómo soñar con una buena vida en medio de sobresaltos continuos, de ecosistemas arrasados por el fuego, de mujeres y criaturas muertas a manos de conocidos verdugos, de odios crepitando hacia personas que sobreviven entre la tierra que se abandona y aquella a la que se llega, de precariedades existenciales por la dolorosa incógnita que supone llegar a fin de mes? Vulnerabilidades que nos hunden en la terrible sospecha, propia y ajena, de no ser lo suficientemente fuertes como para aguantar el ritmo normal de la vida.

Parece que no quedara sino asumir que la normalidad destroza vidas. Aceptar vidas que no dan para vivirse.

En medio de esta confusión y complejidad, mejor optar por abrazar aquello que lucha por recobrar la visión de lo posible y la acción inspirada en lo vivido en común. La llamada de la Economía Social y Solidaria (ESS) bien poco tiene que ver con lo superficial, lo fatuo, lo artificial y mucho con la raíz, lo justo y lo ligero. No resulta evidente en el contexto actual la existencia de esta forma humana, radical y decidida de configurar nuestras economías. Tampoco lo son las dimensiones que la conforman. En primer lugar, su dimensión práctica busca sostener experiencias concretas alejadas del modelo neoliberal, mercantilista e individualista imperante, así como los........

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