Tatuaje de yakuza |
El Gobierno ofrece tatuaje bajo anestesia cuando dice un cosa y hace otra, y a muchos paisanos de escaso espíritu yakuza les encanta esa sedación
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Los tatuajes que lucían los miembros de la vieja Yakuza me resultan de una belleza casi sobrenatural, con sus carpas koi, sus geishas y sus katanas. Además, se me antojan muy prácticos porque, de alguna manera, llevas el pijama incorporado y te ahorras el gasto ... de esa prenda. Para un tatuaje de esas dimensiones se necesitan meses a cargo del hábil maestro tatuador y una enorme capacidad para soportar el daño que mana de la aguja. Sin dolor, sin esa fina aguja que taladra la piel en eterno bisbiseo hipnótico, el proceso se desvirtúa hacia el campo de las calcomanías infantiles.
Pero ahora pretendemos que todo sea indoloro y rápido. Leí atentamente el reportaje aquí mismo sobre los nuevos tatuados que tiñen su cuerpo allá en el quirófano bajo el sopor de la anestesia general. Nada les reprocho a los tatuadores: viven de lo suyo. Pero no entiendo al que abraza la modorra química para exhibir los pintureros arabescos que le decoran. Los que recurren al limbo artificial que prescinde del reglamentario tormento simbolizan la molicie de nuestra sociedad aburrida. Quiero molar, quiero ligar y parecer malote. Pero que no me cueste tiempo y, desde luego, que no me haga pupita, mamá. Explícale a un forzudo maorí que le van a chutar anestesia para sus próximos dibujos y verás dónde te manda, por moñas y por faltarle el respeto a sus ancestros. Cuando era un chaval el tatuaje era la última frontera que las almas con tendencia forajida escogían buscando la diferencia. Eso se acabó. Sin el necesario suplicio que se procesa en la sesera, se erradica la gracia y esa sutil tendencia algo masoca que motivaba al que se tatuaba. Nos han idiotizado a base de blandengería y ya ni los tatuajes vindican la otra orilla. Si los diseños de los yakuzas de antaño mostraban el orgullo del marginado, el tatuaje descendió hacia los terrenos de la chorrada cuando vimos a los concursantes de telerrealidad fingir bravura bovina. El Gobierno ofrece tatuaje bajo anestesia cuando dice un cosa y hace otra, y a muchos paisanos de escaso espíritu yakuza les encanta esa sedación. Prefieren el bando perdedor.