Al carajo con tanto gatopardismo |
Al carajo con tanto gatopardismo
De repente ya nadie cree en el futuro. Se aferrarían a un reloj parado. De cuerda. De bolsillo. ¿Quién dijo progreso? ¿Avances? Fuera
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Defensa del error en directo
María José Fuenteálamo
El ser humano ya no se propone volver a la Luna. Sólo darle una vuelta, ver su cara oculta y volver.... Cierto que es una hazaña increíble. Pero, ¿de dónde veníamos? De pisarla. Repetirlo, ¿no se puede, no se quiere o no hay dinero? Pero, ¿ ... cuánto ha evolucionado la tecnología? Lo justo para quitarte el trabajo, no para devolverte a la Luna.
Tras Semana Santa, arranca el supuesto mejor trimestre del año. Abril no trae cuesta de enero, ni Blue Monday. Sí previsión de vacaciones de verano. No se palpa ilusión por aquí. ¿Quién va a poder pagarlas? De repente, la gente preferiría que los días sucedieran más despacio. Así subiría más lento el precio de la gasolina. Casi mejor que no transcurran las semanas, ni los meses, porque, de hacerlo, nos subirán el alquiler. Que se pare el tiempo, soñamos. Los jóvenes, igual. El complejo de Peter Pan hoy no es por inmadurez, es por necesidad: ¿tener hijos? ¿y dónde viviremos? Los que no pueden escapar de la madurez, también preferirían seguir así. Nadie les garantiza una pensión.
Desprestigiamos a los economistas que promulgan el decrecimiento porque no queremos ver la realidad: en vez de mirar hacia delante, cada vez más gente preferiría parar el tiempo. Incluso volver atrás. Antes éramos mejores.
De repente ya nadie cree en el futuro. Se aferrarían a un reloj parado. De cuerda. De bolsillo. ¿Quién dijo progreso? ¿Avances? Fuera. Los políticos se tapan los oídos si se habla de elecciones. Ningún partido sueña con que se convoquen. En Moncloa, menos. Virgencita, virgencita, que me quede como estoy… Las encuestas anuncian que ninguna formación crece. Líderes anclados en el pasado en contra de que avancen las investigaciones judiciales y de que se fechen los juicios.
Los deseos de los políticos no deberían servirnos como termómetro al resto, pero... andamos igual. Coqueteando con cualquier 'skin care' que nos prometa ya no ser más jóvenes, sino mantenernos. La industria cosmética se reviste de realismo, pero es pesimismo igual. El futuro, malo. Pasado, bueno. Arriba el inmovilismo. El engaño de la eterna juventud. Reconvertido, por obra y gracia del populismo, en la estafa del pasado perdido. Pretenden convencernos de que Europa es una vieja gruñona. Lo consiguen: el espejo sólo nos devuelve arrugas. Una vez fuimos los grandes del bienestar, los mejores en derechos. Hoy, qué decadencia.
La IA hará desaparecer tu trabajo. Ir a la universidad no sirve de nada. La meritocracia, ¿qué es? Nuestros hijos vivirán peor que nosotros. Nosotros, ya peor que nuestros padres. Habitamos Donnafugata. Y nada podemos hacer. Nos gobiernan un par de locos y nos conformamos con criticarlos. No sé si nos hemos vuelto pesimistas por ellos o disfrutan de tanto margen porque somos pesimistas. Es el tiempo de todo lo malo, aceptémoslo.
China ha ganado la carrera tecnológica. Ya no merece la pena subirse a ella. Vendrán los inmigrantes y te quitarán el trabajo. Entrarán los inquilinos y te ocuparán la casa. La corrupción no se puede erradicar al 100% y tu destino es ser más pobre cada día.
Se puede vivir con muchos miedos, pero no con miedo al futuro. Eso no es vivir.
Por eso quedan rebeldes. Hay resistencia. Soñadores que no aceptan la pena de estos tristes años 20. Dice el 'New York Times' que los jóvenes empiezan a deshacerse de sus móviles inteligentes. Porque los distrae de la vida real. Una noticia de ABC recoge que en Madrid han subido las bodas y descendido los divorcios. No sé si será la vida analógica y la vuelta a los vínculos con compromiso lo que va a salvarnos. Pero suena al principio del fin del individualismo y la pérdida de atención que nos han traído hasta aquí. O a lo mejor son también gatopardismos. Tan sólo un par de cambios para que todo siga igual.