Un Estado que ya no cabe en sus costuras |
Un Estado que ya no cabe en sus costuras
El ciudadano que espera siete meses para una resonancia o dedica el 40 por ciento de su nómina al alquiler no concluye que la Constitución sea mala. Concluye, con o sin razón, que el Estado no funciona
Manuel García-Castellón
Hay países que envejecen mal y países que crecen mal. España está consiguiendo ambas cosas a la vez: mientras aumenta su población, envejece el sistema institucional llamado a ordenar ese crecimiento. En menos de tres décadas, el país ha pasado de cuarenta millones de habitantes a rozar los cincuenta. El Instituto Nacional de Estadística fijó la cifra en 49.687.120 residentes a 1 de abril de 2026. Pero la España que se aproxima a los cincuenta millones sigue funcionando, en demasiados aspectos, con instituciones pensadas para la España de los cuarenta. El crecimiento mal absorbido se percibe en la consulta médica que no llega, en el alquiler imposible o en el colegio público sin plazas; el envejecimiento institucional, en unos órganos constitucionales cuyos mandatos caducan sin renovarse y en unas reformas que todos diagnostican pero nadie acomete.
La Constitución de 1978 cumplirá pronto medio siglo. Pocos textos constitucionales europeos comparables han permanecido tan poco reformados. La española solo ha sido reformada tres veces: para garantizar el sufragio pasivo de los extranjeros comunitarios en 1992, para introducir el principio de estabilidad presupuestaria en 2011 y para sustituir en 2024 el término «disminuidos» por «personas con discapacidad» en el artículo 49. Lo demás, el modelo territorial, la composición del Senado, el sistema de designación de los órganos constitucionales, las competencias autonómicas, la financiación del estado del........