Graduar la mirada del Papa Francisco

Graduar la mirada del Papa Francisco

Un año después de su muerte, quizás seamos nosotros los que debamos recoger con agradecimiento el legado de un pontífice que pronunció las palabras de siempre con un acento desconocido

Pablo Mariñoso de Juana

Apenas dos años después de ser elegido, el Papa Francisco se acercó a la Ottica Spiezia, en la lujosa Via del Babuino, para graduarse las gafas. Aquel septiembre de 2015 Francisco decidió que ni siquiera el Vicario de Cristo debía librarse del tedioso trámite de ir a la óptica, deletrear un abecedario imposible y elegir montura en un mar infinito de diseños. Alessandro, dueño del local, contaba poco después que se ofreció a desplazarse a Santa Marta con todo el equipo necesario, pero el Santo Padre se negó: «Francisco decidió venir al local porque, según su punto de vista, las gafas deben hacerse en la óptica. No es el óptico el que tiene que moverse», confesaba entonces a la prensa.

Aquel día Francisco se empeñó en conservar su antigua montura y pidió encajar en ella unos nuevos cristales. «No quiero gastar mucho», se justificó entonces el Papa. La realidad es que el argentino, conocedor de la fatigosa ceremonia de hacerse unas gafas nuevas, suplicó una solución más llevadera. Su rostro estaba hecho a aquella montura de pasta oscura. Más allá de la anécdota −son muchos los comercios romanos que atestiguan la espontaneidad, a veces calculada, de Bergoglio−, la metáfora nos recuerda ahora, un año después de su muerte, que el Papa nunca quiso ver el mundo con ojos nuevos. Francisco no buscó una mirada renovada, sino que quiso adaptar a sus lentes la realidad agotadora de nuestro tiempo. Lo que para algunos fue su gran victoria, para otros todavía constituye su condena: el Santo Padre........

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