Estrechos

En Irán, por desgracia, nadie en la Casa Blanca tuvo a un Alfonso XI, o un Gil de Albornoz, antes de la Revolución Islámica, para evitar el ascenso de los ayatolás bajo la mirada de dirigentes europeos

Juan José Gutiérrez Alonso

Hubo un tiempo en el que la Península Ibérica debía preocuparse por el control de su más famoso paso marítimo, que en el siglo XIV se conocía como el «estrecho de Gibraltar», «el Estrecho», y también, para los más eruditos, las Columnas de Hércules. Cierto es que Gibraltar procede de la expresión árabe Jabal Tariq, es decir, montaña de Tarik, denominación que se consolidó durante el periodo andalusí, y de ahí que en los documentos y textos medievales cristianos aparezca la forma «Gibraltar», o simplemente el Estrecho. En la 'Crónica de Alfonso XI', obra que analiza José Guillermo García Valdecasas en 'Las Artes de la Paz', (CEEH, 2007) descubrimos la fuente narrativa básica sobre la campaña militar que tuvo lugar en 1340 en la zona. Se bautizó como la batalla del Río Salado y se desencadenó para tomar el control del paso, que se consideraba decisivo para los intereses de Castilla y también de Portugal.

En efecto, la batalla del Salado, librada más concretamente el 30 de octubre de 1340 cerca de la localidad gaditana de Tarifa, fue una victoria decisiva de Castilla y Portugal frente a los benimerines de Marruecos y los nazaríes del Reino de Granada. Marcó un giro importante en el control cristiano de Gibraltar, cambiando por siglos el devenir de la Península y me atrevería a decir incluso que el de Europa.

Como sucede hoy con sus homólogos (tal es el caso de Panamá, Suez y Ormuz) el control de este accidente geográfico resultaba crucial para la........

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