Manual para comprar muchos pisos

Manual para comprar muchos pisos

«¿Cuántos pisos tienes?» Wyoming no respondió con una cifra sino que dijo que ser de izquierdas no está reñido con ser pobre y que él espera morirse igual que nació: decente

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'El intermedio' de La Sexta ha cumplido 20 años sin que Wyoming pueda leer el texto del 'pronter' de manera fluida. Este hito de la superviviencia merecía una fiesta, así que el programa se emitió desde un teatro, al estilo 'La revuelta', pero con ... resultado entre las 'Noches de Ortega' y una prolongación de las jornadas que montó el gobierno para hablar del Hodio. Yo me sometí al visionado porque quiero invertir en el sector inmobiliario y no sé cómo empezar.

En este negocio, pocos españoles han alcanzado el grado de excelencia de Wyoming. Pese a ser gran tenedor de pisos en zonas tensionadas, Monzón es un referente moral de la reivindicación de la vivienda digna. Yo también quiero tener muchos pisos sin aguantar por ello la envidia y la difamación. Quiero hacer chistes sobre mi notable fortuna y que venga Ada Colau sin reproches que hacerme. Ya dijo Baudelaire que la mejor treta del diablo ha sido persuadirnos de que no existe.

Allí estaba efectivamente Ada Colau, en el público. Esta vez no se ha sumado a la nueva flotilla rumbo a Gaza. La cámara exhibía a otros invitados: Gabriel Rufián, y Elma Saiz, y Félix Bolaños, y Mónica García, y Óscar Puente, y Marlaska, y el juez Garzón, que también estaba. Allí había tantos miembros del Gobierno que podían haber lanzado un real decreto. Solo faltaba Javier Ruiz para anunciarlo, pero no era razonable invitarlo a La Sexta después de sus enganchadas con Ferreras a cuenta de Villarejo.

El programa empezó con un 'gag' grabado donde Wyoming y Dani Mateo iban en bicicleta, vestidos de sacerdote y monaguillo, y los paraba Gabriel Rufián. Los saludaba en catalán y el Wyoming cura, con una foto de Aznar en la estola, se escandalizaba como si hubiese oído algo pecaminoso. Entraron al teatro entre las butacas rociando con un hisopo a los invitados, a los que acusaban de lesbianas, rojos, catalanes y demás, y no faltó alguna alusión velada a la pederastia, como mandan los cánones.

Parecía una parodia de la Iglesia. Pero era una metáfora de lo que venía, porque el programa era una misa. Laica, sí, pero de rigurosos consejos morales. Para mí hay dos Wyoming: uno con el que te partías cuando dirigía 'Caiga quien caiga' en tiempos de Aznar y otro que transmite con desinterés los guiones preparados por un equipo que elude las críticas al PSOE; uno que atizaba al Gobierno y otro que lo invita a un teatro para atizar a la oposición. Cuando tantos ministros asisten de público a tu 'show' y salen indemnes, puedes llamarlo de cualquier forma que no sea sátira política.

Tocó Kiko Veneno la de 'Volando voy' y Wyoming, ahora vestido de gala, subió al escenario. El monólogo empezó acordándose de Gaza (ovación) y también «de todos los que sufren bajo los escombros la ira de los bombardeos que destruyen la vida de inocentes y el mundo tal y como lo conocíamos» (no hubo ovación, mucho texto).

Se lamentó Wyoming: cuando empezó 'El intermedio' no había redes sociales y creíamos que Franco era un dictador, que las vacunas salvaban y que la tierra era redonda, no como ahora. Teníamos, lamentaba, el vicio de contrastar la información, pero se felicitó de tener un público muy exigente, crítico y defensor de la justicia y la libertad. Establecidos los límites del rebaño, aquí los buenos y ahí afuera las ratas, habló del desamparo del creyente al aire libre en tiempos en que imperan la necedad y la mentira porque gobierna… Trump. Y poniendo énfasis en que él sólo dice la verdad contrastada, lo acusó de ser cliente vip de una red de pederastia.

Pero había que hablar también de España, así que dijo que aquí hay responsables de las instituciones que se bajan los pantalones ante Trump. Esta fue toda la crítica a la política española en estos tiempos de necedad y mentira.

Luego invitó a Sandra Sabatés. Me extrañó que, celebrando los veinte años del programa, no se acordaran de Beatriz Montañez, que ahora vive en una cabaña en el bosque. Subió Iñaki Gabilondo a entrevistar a Wyoming para que hablase de sí mismo. El periodista le preguntó si no ha pensado en meterse a político y Monzón respondió que le propuso Zapatero ir en las listas por el Ayuntamiento de Madrid, pero que le dijo que no, porque imagínate tener que aguantar las sandeces que dice Ana Botella.

Entonces Sabatés le propuso imaginar que llegaba a presidente del Gobierno. ¿Cuál sería el problema más importante que resolver en nuestro país? No se refirió a la vivienda, por lo que sea. Dijo: «La primera medida que yo haría es expulsar del Congreso de los Diputados a cualquiera que no tenga la educación elemental exigible a cualquier ciudadano». Enfocaron a Bolaños aplaudiendo. Es decir: el Ejecutivo controlando el Legislativo con aplausos del que quiere controlar al Judicial. Una oda comprimida de la idea que tiene el sanchismo de la separación de poderes.

Como Gabilondo sí es periodista, le hizo a Wyoming la gran pregunta: ¿cuántos pisos tienes? Me puse a tomar notas, había enchufado el programa para esto. Pero Wyoming no respondió con una cifra sino que dijo que ser de izquierdas no está reñido con ser pobre y que él espera morirse igual que nació: decente. Sabatés le preguntó cuánto cobra y tampoco contestó: bromeó que se quedó dormido contando el fajo.

Comprendí que hay que decir la verdad, sí, pero sólo hasta donde a uno no le salpique. Por eso no se aludió a las mentiras de Puente, que estaba en el público, sobre Adamuz, para cuyas víctimas no hubo palabras porque no se estrellaron en Gaza. Había que relajarse de nuevo, así que Sabatés preguntó a Gabilondo y Wyoming si tenían amigos de Vox y cómo creen que sería el país si gobierna la extrema derecha.

Luego, como no había nadie de derechas en el teatro, salió una actriz haciendo de señora facha e hizo muchos comentarios racistas y clasistas. Pero el momento culminante fue un mensaje grabado de Pedro Sánchez con tirantes como los de Wyoming. Dio el presidente sus buenos deseos a este rompedor programa de sátira política: que dentro de cinco años Wyoming siga en la tele y él siga en la Moncloa. Sí que les preocupa la vivienda. Al final cantó Miguel Ríos y leí por Twitter que todo había sido un 'Goodbye Lenin' para gente que despierta del coma y cree que sigue gobernando Aznar.

Partido Socialista Obrero Español (PSOE)


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