La época del papel mojado |
La época del papel mojado
Afortunados quienes viven lejos de los patios traseros, porque de ellos será la sensación de que la paz mundial no es una quimera
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Tratados de la ONU, textos de derecho internacional, acuerdos marco entre potencias, pactos expresos, diplomacia… Esa tonelada de papel tan caro, brotada de multimillonarios viajes de líderes, de cumbres y lujos, parecía formar, al menos, un pórtico bien asentado. Pues todo ese edificio mundial se ... hace torbellino tras la caída del misil. Así es como Putin entró en Ucrania, como Hamás entró en Israel, como Israel entró en Gaza, como Trump entró en Venezuela y como estos días se ha decapitado a Jamenei en Irán. Hay quien se echa las manos a la cabeza. Alguno se echa las manos a la cabeza por estas cosas, pero consideró normal que Pedro Sánchez aprobase la ley de Amnistía, y que el Constitucional la alabase. Sorprende nada más que la sorpresa, por tanto. El papel es papel y ahora vivimos en la época del clic. Geopolítica de hechos consumados. Ganará el más fuerte, o el más decidido, en caso de que no perdamos todos. Ganará el primero en limpiarse con el papel que ingenuamente creyó el mundo que lo liberaba de algo. De la respuesta de los contrincantes al más osado depende el destino.
Es como si toda esa montaña de papel en el que creíamos estar cobijados, toda esa filosofía política, toda esa sofisticada arquitectura se hubiera resumido de un plumazo en una frase bien simple y categórica: «a ver, ¿quién tiene cojones para responderme?». Y vemos que Europa no se atrevió a responder a Rusia en Ucrania, y que Rusia no se atrevió a responder a Estados Unidos en Venezuela, y todavía no sé si se atreverán a responder a Trump e Israel en Irán, pero el mundo depende de eso.
El mundo, sí, a la espera de la respuesta tras un golpe que se salta las normas. Mientras vivimos nuestras vidas, el cálculo estratégico determina si un país tiene lo que hay que tener para contestar a otro y mantener vivo a un aliado, o si habrá de renovar sus fuerzas con otro movimiento igual de audaz en otra parte del globo. Por ejemplo: si mañana China se decide a invadir Taiwán, ¿tendrá Estados Unidos lo que hay que tener para impedirlo? Puede que a Donald Trump no le falten gónadas, pero desde luego, lo que no tendrá Estados Unidos es argumento para reprocharlo. Imperios enseñando los dientes. El siglo XIX, solo que con mejores armas para matar.
Afortunados quienes viven lejos de los patios traseros, porque de ellos será la sensación de que la paz mundial no es una quimera. Ahora hay países europeos que han ofrecido su ayuda para la guerra en Irán, y otros se oponen o se hacen los suecos. Es un sálvese quien pueda donde pesa más Huawei que la ética. Se acepta la realidad del mundo y las posiciones se toman de forma astuta. Esto ahora funciona así. Así que lo último que deberíamos aceptar de nuestros líderes y sus palmeros es que encima nos den sermones.