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Flotilla a nuestro 'resort' espiritual

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21.03.2026

Flotilla a nuestro 'resort' espiritual

Se dirigen a Cuba con lo que los cubanos necesitan, en el momento exacto en que ese país precisa ayuda

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Una buena flotilla es lo que necesitaba Cuba. Qué duda puede haber. Está el país sin luz, paralizado, moribundo, así que Pablo Iglesias, Jeremy Cobyrn y Gerardo Pisarello entre otros han integrado la alineación estelar para esta Champions del puñito. No sé si los integrantes ... del próximo 'reality' solidario partirán rumbo a Cuba en barco, en un avión de la rescatada Plus Ultra o caminando sobre las aguas como Jesucristo, pero no me cabe duda de que resolverán los problemas de la isla.

La flotilla que fue a Gaza para montar el numerito con los israelíes que bloqueaban las aguas logró poner fin a esa fase del conflicto. Ni los fundamentalistas islámicos ni los soldados israelíes podían permitirse el lujo de aguantar un mitin de Ada Colau y Greta Thunberg en una de sus playas. Bastante tenían con matarse entre sí, de modo que fue ver acercarse el Instagram de Barbie Gaza en lontananza y Hamás se apresuró a devolver por fin a los rehenes que le quedaban y el Ejército sionista retrocedió a posiciones tácticas. Si no es por la flotilla… Algún día se reconocerá a esta gente el inmenso número de vidas que salvaron.

Enviar flotillas debería considerarse sinónimo de solucionar problemas de apariencia irresoluble. Una flotilla apuntando su proa a la Cañada Real, para que las eléctricas regalen allí los kilovatios que en general te cobran a precio de tinta de impresora. Otra flotilla para las mujeres maltratadas, y otra para los pacientes de enfermedades raras, y otra para los jóvenes sin posibilidad de acceso a la vivienda. Flotillas a todas partes para solucionar todos los conflictos: una rumbo a Sumar y otra para Bambú, y que a izquierda y derecha de PP y PSOE prevalezca la paz y la concordia.

Los flotillos cubanos hablan de fletar 20 toneladas de ayuda humanitaria para una isla con nueve millones de habitantes que viven de los restos que deja en el fondo de la olla la casta parasitaria revolucionaria desde hace casi siete décadas. Se dirigen por tanto a Cuba con lo que los cubanos necesitan, en el momento exacto en que ese país precisa ayuda. Ni antes ni después, porque hasta ahora la gente de allí había estado feliz. Y cuando no lo estaban, huían.

Los de dentro cantaban sones y bailaban, bebían ron, estudiaban carreras, sonaba Silvio por megafonía y además había murales coloristas de Fidel Castro y Ernesto Che. Cuba era como la facultad de políticas de la Autónoma, solo que sin la posibilidad de que surja un partido político de las aulas.

Sin embargo, el pérfido Donald Trump les ha fastidiado el paraíso al cortar el flujo de petróleo venezolano. Es como si le pisas el tubo del aire a un enfermo terminal: se apaga. Y esto no se puede consentir, porque hay varios integrantes de la flotilla que se lo han pasado teta en viajes a Cuba sufragados por el Gobierno revolucionario. Sienten la imperiosa necesidad de proteger a ese Gobierno de todas las amenazas del imperialismo. El 'resort' espiritual de la izquierda trasnochada no puede caer. ¿Qué sería de las vacaciones si se liberaliza el 'tour operador' estatal?

Recuerdo bien la primera vez que vi venir de Cuba a un pijo de izquierdas que estudiaba Sociología. Le había salido gratis el viaje gracias a las conexiones de diminutas asociaciones revolucionarias sitas en la calle Madera de Malasaña con el régimen tropical. Llegaba de Cuba aquel hijo de Majadahonda bronceado por fuera y tostado por dentro, y hablaba de lo que había visto en La Habana como si hubiera atravesado las cortinas de un sueño. Volvió como quien regresa de unos ejercicios espirituales. Te hablaba de los médicos y los estudios de cine cuando estaba sobrio, pero si tomaba tres tragos te hablaba también de las jineteras y la forma en que los camareros preparan el mojito. De la gente que cría cerdos en bañeras hablaba rara vez, y me narró un viaje en moto en que había presenciado los campos de caña de azúcar. Recuerdo todavía una frase literal, y hace de esto veinte años: «Allí no necesitan democracia porque el pueblo tiene el poder real». Pueblo es la marca de tabaco de liar que fumaba.

Embarcarse en este preciso momento en una flotilla rumbo a Cuba es el movimiento más cínico, pero también el más revelador del tipo de gente que se erige como bastión de una ética supuestamente superior y basada en la redistribución de la riqueza. Podían haber llevado ayuda muchas veces antes. Podían haber ido allí a paliar la opresión de su gente combatiendo el régimen que los oprime; podían haberse aliado con quienes intentan liberar la isla desde el exilio o apoyado a los que terminaron en Madrid o Estados Unidos, o haberlos escuchado al menos. Pero los cubanos que renunciaron al 'resort' son, para estos 'defensores de la gente', traidores: una gusanera desagradecida que no rinde pleitesía al Gobierno que ha impedido que la prosperidad elija democráticamente sus propios caminos, pero que a ellos los ha invitado a fumar puros.

Conocen muy bien los navegantes lo que defienden en realidad, y saben cómo enmascararlo. Pintan Cuba como Gaza: un trozo de tierra libre con un pueblo muy digno cuyos problemas se deben exclusivamente al imperialismo y jamás a la pandilla de sátrapas que imponen su tiranía. Dicen saber mucho de la complejidad de la política y la sociedad cubana porque se han bañado en muchas de sus piscinas, pero cuando les preguntas si aquello es una dictadura u otra cosa no te saben responder, o te responden con terribles pleonasmos y pasmosas enfatizaciones.

Yo siempre me río cuando oigo a esos españoles o británicos o franceses de puño en alto hacer loas del castrismo y echar pestes de la democracia liberal y del capitalismo, porque no se dan cuenta de lo más evidente, como los avestruces cuando meten la cabeza en el suelo: la diferencia entre Cuba y España es que sólo en uno de los dos países puedes decir que prefieres el sistema político del otro.

No van, por tanto, a defender a un pueblo, sino a defender a su Gobierno y su sistema de opresión. De ahí el único peligro que enfrentará esta nueva flotilla. Ni el oleaje, ni el bocio, ni los misiles de Trump. Alguno de los buques flotilleros podría chocar de frente con las balsas que se hacen a la mar en dirección opuesta para huir del 'resort' espiritual. Y no sé yo quién saldría del choque peor parado.


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