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8M: las guerras a las que decimos 'sí'
El feminismo de Estado vino a decir a las mujeres otra vez cómo tenían que pensar y comportarse
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Hoy es el día de la mujer, pero no de cualquier mujer. El Estado se ha estado gastando dinero en actos de calentamiento toda la semana. Los hubo por todas las comunidades autónomas, en los municipios, las universidades, las charcuterías, los colegios de monjas y ... las diputaciones. En estos actos se describe esa mujer particular a la que se refieren los fabricantes de ochoemes: la que cumple determinadas condiciones. La UGT repartió unos premios feministas, por ejemplo, y una de las galardonadas fue la tertuliana que acababa de poner una denuncia falsa a la vista de todo un país.
Poner una denuncia falsa para erigirse en víctima no es un problema, es una ventaja. Partimos de la base de que convirtieron en santas laicas a Juana Rivas o María Sevilla, condenadas por sustracción de menores e indultadas luego por el Gobierno; de que dedicaron semanas a convencer a un país de que Luis Rubiales es un depredador sexual; de que la Fiscalía 'informa' de que los fraudes en la ley de violencia de género representan sólo el 0,001 por cidento; de que alertaron de una epidemia de pinchazos de sumisión química en discotecas para justificar el gasto en puntos violeta; de que, en definitiva, llevamos más de veinte años así y sólo en los últimos tiempos hay quien devuelve la papilla.
La premiada por UGT, Sarah Santaolalla, había contado que Vito Quiles la golpeó, pisoteó y empujó hasta mandarla al hospital y, para demostrarlo, se paseaba con un cabestrillo verde por los platós y hacía muchos........