Mi confidente monclovita en el despacho presidencial |
Mi confidente monclovita en el despacho presidencial
«Tus novelas no las leía ni el Tato; y lo que te propongo ahora es que tus trolas se las traguen todos los zoquetes de España»
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Cuando el presi me llamó a su despacho, estaba alineando en las estanterías su reluciente colección de figuritas de don Quijote, que colecciona desde hace años. Siempre me he preguntado por qué extraña razón un tipo que no ha leído el Quijote (ni el ... Quijote ni nada que remotamente se parezca a la literatura) coleccionará figuritas del ingenioso hidalgo. Hay quienes dicen que las utiliza para hacer vudú a sus enemigos; otros sostienen que esconden en su interior micrófonos, y que se las regala a los visitantes de los que desconfía, para después poder espiarlos; los más malévolos creen que cuando está solo juega con ellas, como si fuesen soldaditos de plomo, revolcándose puerilmente por las alfombras del despacho.
—Don Quijote creía que lo que se contaba en los libros de caballerías era cierto –empezó el presi–. Nosotros necesitamos que nuestros votantes crean que lo que cuentan nuestros tertulianos lameculos también lo es. Pero nuestros tertulianos lameculos cada vez suenan más forzados e inverosímiles; y los argumentarios que diariamente envíamos a sus móviles resultan cada vez más cansinos y machacones. Ahora se nos viene encima el auto del cabrón de Peinado, a quien espero ver pronto despeinado o mejor todavía calvo; también la sentencia del guarrete de Ábalos, que va a resultar como un baño de bromuro para nuestra parroquia; y el calamar del juez Calama, aunque cometa todo tipo de........