Borges, político
Sostenía que la clase media era superior, detestaba la obsesión por el dinero y el lujo le parecía una grosería. A medida que avanzaba la década del 70, recibía llamados de intimidación
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Una sola vez en mi vida crucé el umbral de su departamento de la calle Maipú y esperé mi turno espiando su pequeña biblioteca. Fue en 1985 y tuve que esperar un buen rato a que dos turistas extranjeros, aprovechando su ceguera, se cansaran de hacerse fotos a su lado fingiendo –con gestos y con poses audaces– una intimidad que no tenían. Cuando se retiraron, Jorge Luis Borges me pidió que me sentara a su lado y me preguntó por qué razón me interesaban tanto los años del primer peronismo: sujeto a una efeméride, yo sólo estaba escribiendo una serie de artículos sobre el derrocamiento de Perón. Evocó entonces las «heroicas lluvias de septiembre» –los húmedos días de la revolución de 1955– y me dijo con absoluta convicción que, antes de ser el hada madrina de aquel régimen, Evita había sido una prostituta, y que por entonces todo el mundo del espectáculo lo sabía. Cuando publiqué su relato de los hechos, se levantó una gran polvareda en la Argentina y varios diputados y senadores de distintos partidos políticos repudiaron en público esa injuria o desdén. Para Borges y su familia –su madre y su hermana fueron encarceladas a raíz de su disidencia–, Perón era un Mussolini del subdesarrollo, y siempre les pareció una verdadera maldición el movimiento hegemónico que había engendrado. En cierta ocasión más o menos famosa, subió a un taxi y el chófer le dijo: «Lo admiro muchísimo, Borges. Sólo tengo que confesarle una cosa: soy peronista». El autor de 'El Aleph' respondió: «Qué casualidad, yo también soy ciego».
Se cumplen hoy cuarenta........
