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El posado sanchista en las guerras híbridas

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03.03.2026

El posado sanchista en las guerras híbridas

Unilateral como toda operación especial sin declarar, la guerra de Sánchez contra Washington responde a la crisis del modelo clásico de conflicto armado

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Con lo bien y lo fácil que explica Patxi López las cosas no era necesario que el presidente del Gobierno se pusiera a sentar cátedra sobre la ilegalidad de la operación militar especial de Estados Unidos en Irán, una ofensiva –dijo en Barcelona, donde el ... pasado fin de semana hizo dindón, de los Goya al Mobile, dos ferias de componentes para la guerra híbrida– «iniciada sin la autorización del Congreso de los Estados Unidos». Ni siquiera a Patxi López, asador de mantecas parlamentarias, se le hubiera ocurrido el recurso retórico de una «autorización del Congreso de los Estados Unidos» que, pronunciado en público y con solemnidad inaugural por el jefe del Ejecutivo, fue eliminado de la nota oficial publicada de inmediato por la oficina de prensa de La Moncloa. No cabían en el folio tantas y tan buenas ideas. El mundo buscaba respuestas, rápidas y simples, en un momento de zozobra. «Quita eso del Congreso, que aquí no se va a entender bien».

Sin entrar en la esfera de la moral sanchista, al alcance solo de Patxi López y gente así de preparada, nos quedamos en la mecánica de los contrapesos del poder –ejecutivo y legislativo; lo del judicial es para cagarse la pata abajo, en Washington o Madrid– con la sana y sencilla intención de medir el grado de cinismo de quien alardea de gobernar sin el concurso de las Cortes, un poder legislativo al que Sánchez no solo ha hurtado el debate vertebral de los presupuestos, sino que en el campo de gules de la guerra y de la paz ha ocultado sus trapisondas con Marruecos, en el caso del Sahara, o evitado la votación parlamentaria de un acuerdo que afecta a la soberanía de la nación, como el de Gibraltar. Y Urtasun descolonizando museos.

Todo esto son minucias, gajes del oficio de la hipocresía que impregna la teología del sanchismo, al alcance solo de gente tan adiestrada como López, en odiosa comparación con la guerra –de boquilla, hibridada– que Pedro Sánchez declaró a Estados Unidos sin la oportuna autorización del Congreso de Francina, comisaria artística y uniformada, y la obligada firma del Rey. Cuando en 1956 'La Codorniz' declaró la guerra a Inglaterra, con el contencioso de Gibraltar de por medio, el objetivo de la revista satírica no era otro que el de desdramatizar una de tantas tragedias franquistas, sobreactuada por su reparto, también artístico y uniformado. La guerra de Sánchez no tiene que ver con el interés general de España, acabáramos, ni siquiera con la vocación de galán cómico de quien graba entremeses, ahora 'reels', para solaz de un público que de 'La Codorniz' ha pasado a La Pájara, en esquijama de campaña.

Unilateral como toda operación especial sin declarar, la guerra de Sánchez contra Washington responde a la crisis del modelo clásico de conflicto armado, como el cemento de su cara de falso pacifista. A la revolución de los drones, los 'bots', las extracciones aéreas o las ejecuciones domiciliarias, Sánchez aporta el arma no convencional del posado. Le hacemos el traje y luego se lo pagamos.


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