Adamuz, Puente y lo grotesco

Adamuz, Puente y lo grotesco

Moncloa debería cuidarse de la creciente desconfianza en las instituciones, pues cada vez que se afirma que una noticia es falsa, poco después termina por confirmarse su veracidad

Escucha el artículo. 3 min

Ni el Gobierno ni nuestro país pueden desatender la manifestación de las víctimas del accidente ferroviario de Adamuz, este miércoles frente al Congreso de los Diputados, con 47 sillas vacías. Tres meses después de la tragedia, en lugar de encontrar respuestas al siniestro, asistimos a un ensanchamiento doloroso de las incógnitas sobre lo sucedido y sobre la gestión posterior del Ejecutivo, empeñado en ocultar los hechos, desdibujar la realidad y lavar sus culpas mediante deformaciones grotescas del relato. El testimonio que aporta este periódico de la familia de la última víctima hospitalizada, en estado grave –la mujer que dio a luz mientras permanecía ingresada– ofrece una perspectiva descorazonadora de las verdaderas prioridades del Gobierno y del principal responsable de la cartera de Transportes, Óscar Puente. Así, hemos conocido que nadie del ministerio se puso en contacto con la familia para interesarse por el nacimiento del hijo ni por el estado de la madre. Resulta difícil comprender que, mientras una familia lucha literalmente por la vida, Transportes no haya encontrado el momento para un gesto de atención y sí haya tenido tiempo para empeñar sus recursos en salvar su propio relato, por ejemplo poniendo en marcha una herramienta digital para desmentir bulos en redes sociales. La realidad dice que las informaciones calificadas como falsas o interesadas en derribar al Gobierno han terminado por confirmarse como ciertas. La mentira era suya.

Tres meses después de aquella fatídica noche en los olivares de Córdoba, los mecanismos previstos para ayudar y sostener a los afectados siguen sin funcionar correctamente, y todo a su alrededor es caos, desinterés y enmarañamiento del espacio político en operaciones desesperadas como la protagonizada este miércoles por Óscar Puente, al acusar al presidente andaluz de ser responsable de las muertes. Desde el comienzo de esta historia, el socialismo ha visto en ella una necesidad de salvarse de responsabilidades manifiestas y una oportunidad para proyectarse electoralmente. Han resultado especialmente desconsideradas las maniobras destinadas a reforzar la figura del ministro de Transportes y a impulsar la candidatura de María Jesús Montero. Sánchez se ha mantenido a cubierto por temor a ser abucheado. El homenaje del Ejecutivo a las víctimas del tren en Portugal, aprovechando una reunión bilateral, fue la gota que colmó el vaso de su desafecto. Su reputación pesa más que la verdad y la seguridad de los viajeros. Solo así se explican las oscuras urdimbres por las cuales el ministerio retiró, de forma secreta y de madrugada, pruebas del escenario del accidente.

La Moncloa debería cuidarse de la creciente desconfianza en las instituciones, pues cada vez que se afirma que una noticia es falsa, poco después termina por confirmarse su veracidad. Cabe lamentar que, cuando más se necesitaba claridad y responsabilidad, el Gobierno haya dedicado sus esfuerzos a confundir y a difundir versiones que solo han añadido dolor y desconcierto a la sociedad en general y a las víctimas en particular, además de socavar la fe en las instituciones de una ciudadanía cansada de comprobar cómo el Ejecutivo parece socorrerse únicamente a sí mismo cuando más se le necesita.


© ABC