Torrente, un éxito de camisa sudada |
Torrente, un éxito de camisa sudada
No le van a dar nunca un Goya, ni a él ni a los suyos, pero sus películas son un acontecimiento popular que te remienda la melancolía de mal sol de un domingo
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Ángel Antonio Herrera
Se inventó Santiago Segura un James Bond al revés, José Luis Torrente: español, zafio, trincón y del Atleti. Vuelve con entrega nueva del taquillazo, 'Torrente presidente'. Torrente triunfa, yo creo, porque no se quita nunca la camisa de policía sucio, salidillo y chusco. Segura ... se ha dedicado en esta vida a dos oficios: hacer películas de Torrente y luego promocionarlas. Hace otras cosas, obviamente, pero eso no es lo que ahora nos ocupa.
Suda la camiseta del personaje, que ya es un trapo clásico del cine nacional y del arte del publirreportaje. Ha sido el atleta de pegarse unas giras inapelables por todas las teles, como si en vez de un Segura hubiera varios, todos idénticos de melena desmayada y vacile de barrio. Igual aparece en un concurso de particulares que en las mañanas doradas de Susanna Griso. Hasta que ha llegado este Torrente último, y la promoción ha sido inversa. No enseñar ni un tráiler, y dejar las entrevistas para luego, como los futbolistas que ya han ganado el partido por goleada.
Ha montado Segura la algarabía del silencio, y ha habido cola en la taquilla antes de que hubiera taquilla. Segura siempre ha bordado la promoción, y en día alegre casi diríamos que hace este cachondeíto de la saga de Torrente para luego cumplir la película segunda de airear la faena, igual en un concurso que en un telediario. En los Torrentes nos hemos ido encontrando de todo, desde Kiko Rivera ejerciendo de Sancho Panza hasta un cameo de Lorenzo Caprile. Segura lía a cualquiera, y también a quien no es un cualquiera.
En su día, barajó incluso a Mario Conde, como villano, y al final dijo Conde que no. A Chicho Ibáñez Serrador le propuso lo mismo y este respondió con una excusa memorable: «Si fuera porno, quizá me apuntaría». Segura ha dado otra biografía a muchos famosos, metiéndolos en el desorden de una película, con lo que él se inventa a mucha gente que ya tiene deneí y otra carrera.
Santiago lleva muchas épocas siendo la popularidad con melena, un tipo que no le niega el saludo a nadie, con lo que se pasa la vida saludando. Lo paran bomberos, jubilatas, inmigrantes, pijazas o carteristas para un retrato rápido. Tiene la calle, que es tenerlo casi todo. No le van a dar nunca un Goya, ni a él ni a los suyos, pero sus películas son un acontecimiento popular que te remienda la melancolía de mal sol de un domingo.
Ha logrado un género propio, un universo que ata un humor chusco y una romería de famosos, para el elenco y para el estreno, aunque de momento en esta última película no ha habido estreno de show. Estamos ante la novedad sin novedad.
Si abreviamos, los Torrentes, hasta hoy, constan de cameos de amiguetes, promoción de plató en camiseta, y un estreno en la Gran Vía que es como una fiesta de cumpleaños donde soplan las velas de la tarta que no hay Isabel Pantoja, Joaquín Cortés o Cayetano Rivera, todos a coro. Luego está la película propiamente dicha. Me consta que las multinacionales monstruosas han indagado a menudo la fecha de sus estrenos, porque Torrente barre. A las teles no ha acudido, de momento, y eso nos perdemos, porque ofrece el juego mayor del invitado estelar, entre la coña ingeniosa y la ocurrencia tirando a golfilla.
Yo arriesgaría aquí que Santiago Segura ha conseguido un estilo, y eso es algo impar y quizá poco perdonable en el patio del artisteo, donde siempre funciona como él mismo. En sus películas está lo mejor y lo peor de cada familia. Suda dos camisetas. La de Torrente y la de Segura.