Sabina, el astronauta de la melancolía

Sabina, el astronauta de la melancolía

Ha hecho del canalla una figura cultural respetable y del fracaso amoroso una pequeña patria compartida

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Venus y Serena Williams, dos diosas en zapatillas

Ángel Antonio Herrera

Resulta que Joaquín Sabina tiene la gloria desde una voz de cenicero lleno, bajo el astro de una inteligencia que reverencia la palabra. Siempre ha cantado después de haber perdido algo importante, aunque nadie supiera exactamente qué. El amor, la juventud, medio hígado ... o simplemente la fe en levantarse antes del mediodía. O acaso todo junto. Ha inventado la derrota con prestigio nocturno, y es Bob Dylan con dúplex en Lavapiés. No gastó lámina de guapo, tampoco carga don de barítono, y nunca tuvo tontuna de estrella. Más bien parecía un profesor expulsado de un casino de provincias a las cuatro y pico de la madrugada. No lo va a superar nadie. Es el atleta primero de lo suyo, que es lo nuestro, desde........

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