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Las gogós de Dios

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14.03.2026

Las clarisas de Belorado han resultado almodovarianas o berlanguianas, según el rato

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Ángel Antonio Herrera

Una exmonja de Belorado le ha tirado a la cabeza una frase memorable a un periodista de ABC, José Ramón Navarro: «Te inventas la verdad». La frase la disparó la exmonja con énfasis de reproche y hasta injuria, ante el propio Navarro, que viene ... cumpliendo en el periódico la crónica no resueltamente amable del cabaré celeste que estas excomulgadas han animado con lo suyo, desde hace meses. Inventar la verdad, sí. Como Valle, como Lorca. Esta exmonja nos ha salido lírica desde el cabreo, y pone cierre de aforismo al episodio largo de ocupar un convento, hasta que la han desahuciado, junto a otras. Estas exmonjas nos han salido unas gogós de Dios, que un día se oponen al credo de tradición y otro acaban haciendo acopio de la vajilla del convento, por si faltan cucharas o soperas ahí donde vayan ahora a poner el nido de discordantes con furgoneta. La peripecia de estas alegres la he seguido yo por las prosas de Navarro, con goce y asombro, porque estas clarisas han resultado almodovarianas o berlanguianas, según el rato, y hasta yo creo que aportan un capítulo de prórroga o descarte a lo último de Torrente, donde todo desmadre es costumbre y por supuesto también la verdad es virtud de la imaginación. Nuestras gogós de Dios llevan bailando alrededor de su causa altiva mucho tiempo. A veces se asomaban para darnos declaraciones, como unas folclóricas a su pesar, y a veces salían del convento, a pillar pan o a recoger otra notificación en el juzgado. Han mantenido una temporada de gran auge de la vocación religiosa en la mujer, entre el ropero espiritual de Rosalía y la película 'Los domingos'. Ahora una exmonja última se encampana con un periodista, y da por error un hallazgo. Queriendo llamarle embustero le ha dado la vitola acreditativa del creador: la invención de la verdad. Las erratas encierran siempre un acierto, y así ha sido ahora, donde una exmonja quiso aupar un insulto y le salió un estilismo. Los auténticos poetas lo son «de repente». Y ese repente lo ha tenido, por traspiés, nuestra exclarisa. Qué musa se nos va, qué bailona de la sorpresa, qué mística del show.


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