La casita de Bad Bunny: un escenario humilde apto solo para los elegidos

Mi hijo de ocho años me pidió el otro día que le pusiera Bugs Bunny y yo le puse al conejo. Luego descubrí que no se refería al personaje de dibujos animados, sino al cantante más importante del planeta o algo parecido. Me miró con ternura, como cuando con tres años acarició mi incipiente barriga y dijo: "Ovejita". Tras la confirmación de mi caída definitiva en la senectud, fui a la redacción y alguien estaba hablando en voz alta de "la casita de Bad Bunny" con la naturalidad con la que antes se hablaba de la prima de riesgo o el cambio climático. 

Yo pregunté qué casita, y se produjo el silencio. Manu me miró con una mezcla de compasión, superioridad moral y cansancio generacional. "Estás completamente fuera de onda", me dijo, y tenía razón. A........

© 20 minutos