Cosas que estaban prohibidas en la tele de antes (y Lola Flores entendía el motivo)

Antes era impensable que un comunicador estuviera en escena con las manos en los bolsillos. Transmitía pasotismo. Como también antaño era una falta de profesionalidad aparecer en pantalla sin tener estudiada la trayectoria del entrevistado. El presentador se sonrojaba cuando era pillado en un renuncio. Ahora, en cambio, confiamos en que con nuestra espontaneidad basta. Una sensación fruto de la sociedad del ‘yo’ de las redes sociales, donde solo es necesario un móvil y hablar de nosotros mismos sin necesidad de escuchar demasiado a nadie. A diferencia de la tele, que es la congregación del trabajo en equipo. Cada profesional pone una pieza en el puzle para que la trama crezca hacia algún lugar bonito de ver, entender e incluso soñar.

En este arte colectivo, es esencial conocer las posiciones escénicas, con sus tiros de cámara, con su "dónde está la buena luz". Para que los protagonistas del programa sepan la actitud que les favorece y, así, estar más cerca de conseguir que el público pase de mero espectador a cómplice. Porque el carisma se puede tener de fábrica, pero solo se mantiene a largo plazo........

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