Entre la incertidumbre, la sospecha y la ciencia
Cuando la tierra se sacude con la violencia que lo hizo en Venezuela el pasado 24 de junio, se resquebraja algo más que los edificios: nuestra tolerancia a la incertidumbre. Por eso no debe sorprendernos que, ante dos seísmos de magnitud superior a siete, resurgiera la sospecha de una mano ajena, tecnológicamente atractiva y deliberada.
El Programa de Investigación Auroral Activa de Alta Frecuencia (HAARP, por sus siglas en inglés) está atrapado entre la realidad y el mito. La instalación de 180 antenas transmisoras ubicada en Gakona (Alaska) forma parte de un centro de investigaciones de la Universidad de Alaska Fairbanks cuyo objetivo es perturbar una capa tenue de la atmósfera. Sin embargo, su capacidad reportada le aleja de la posibilidad de romper una falla cortical, para lo cual sería necesario vencer fuerzas de fricción acumuladas durante siglos bajo........
