«El futuro es aquel que pasa por el conocimiento más profundo del pasado». Esta frase del poeta y político martiniqués Aimé Césaire constituye una afirmación de nuestra responsabilidad histórica de conocer de dónde venimos y adónde queremos ir; un reconocimiento que pasa por saber qué estamos siendo, cuál es el lugar a partir del cual soñamos y luchamos, cuál es el modelo ideal detrás de nuestras comprensiones y nuestras acciones, y cómo la historia hegemónica define nuestros ejercicios políticos y de soberanía. Esta pedagógica descolonial implica revisar los telones de fondo y los marcos categoriales desde los que solemos tematizar, de manera automática; problematizar las representaciones pre-supuestas en las posibilidades de existencia a las que aspiramos; y ser capaces de identificar las relaciones de dominación, de carácter estructural, presentes en nuestros procesos de construcción de alternativas para reproducir la vida.

El grito de la negritud en Césaire es una interpelación a pensar a fondo, fuera de los marcos de interpretación colonial: pensar, críticamente, más allá que las jerarquías eurocentradas, generar grietas en nuestra mirada del mundo y salir de la cárcel de la epistemología moderna. Se trata de una geopolítica que permite hacer un desplazamiento teórico y práctico desde un criterio opuesto a la mirada del sistema-mundo moderno/capitalista (basada en una idea de jerarquía, que garantiza que Europa mantenga su narrativa desde una posición de superioridad).

La pregunta epistémica es la siguiente: ¿cómo hacemos para que esa geopolítica alternativa se vuelva sentido común? ¿Cómo configuramos, desde otros horizontes de sentido, nuestra mirada de mundo? ¿Qué desplazamiento de criterio debemos hacer para que nuestra comprensión tenga otro lugar? La tarea es bien compleja. La perniciosa influencia de la colonialidad y sus imaginarios ha permeado todos los espacios. Césaire explica que hemos interiorizado la creencia de que la evolución que tuvo lugar en Europa es la única posible, la única deseable y que es por la que tendrá que pasar todo el mundo; a los pueblos de la periferia se les ha inculcado un complejo de inferioridad y un enorme deseo de querer ser salvados. Esto es: el colonizador se ha puesto en la posición de salvador y a los pueblos víctima se los pone como culpables: la culpa que te da no ser “civilizado”. La cultura moderna justifica su dominación con argumentos falaces y maniqueos para que los grupos oprimidos crean que los están salvando.

«Ser como ellos» pareciera ser el imaginario-sentencia de un proceso de colonización en el que ya no hace falta que nos maten, porque ya nos controlan y nos definen. Diría el autor de Las venas abiertas de América Latina (que siguen rotas hoy), Eduardo Galeano: «Los sueños y las pesadillas están hechos de los mismos materiales, pero esta pesadilla dice ser nuestro único sueño permitido: un modelo de desarrollo que desprecia la vida y adora las cosas». Este escritor uruguayo advierte cómo interiorizamos el «sueño» de ser civilizados y de alcanzar el «progreso», aunque este deseo signifique la destrucción de las condiciones de vida en el planeta.Como leía, hace unos días, en una poética digital: «La realidad está tan invertida que llamamos “civilizados” a quienes destruyen a la madre tierra». Lamentablemente, no solo lo anhelamos: «exigimos» a los países «desarrollados» (los países con mayor huella ecológica) apoyar a los pueblos que estamos «en vías a alcanzar el desarrollo», para que podamos lograr tal fin.

La socióloga mexicana Karina Ochoa denuncia que la lógica colonial del poder es tan perversa que tiene un mecanismo ontologizante (es decir: el problema del ser). La modernidad convierte al otro en un no-sujeto y le hace creer que, para ser sujeto, debe dejar de ser lo que es y convertirse en lo que no es. Así, al subjetivarnos, o sea, al constituirnos en sujetos, podemos caer también en la trampa de la lógica del poder: asumir que el yo ciudadano de la modernidad es la vía para constituirnos como sujetos. La solución pareciera ser tener derechos ciudadanos, para acceder a los «beneficios» generados por el orden hegemónico y formar parte de los «incluidos».

A juicio de Ochoa, este es el ardid en el que estamos los países del llamado tercer mundo o «en vías de desarrollo»; es decir: queremos ser y, por lo tanto, hay que aspirar a las lógicas y a los modelos de «progreso» que se han establecido desde principios eurocentrados. Es una ontología política de la dominación, que te deshumaniza y, para que te humanices, te conmina a ser como ellos, aunque nunca vayas a serlo.

«A partir del hecho colonial de 1492, y en adelante, las lógicas de dominación de los colonizadores sobre las poblaciones colonizadas —aclara Karina Ochoa— tienen una dimensión de expoliación ontológica; en otras palabras, hay un acto de eliminación de la posibilidad del ser y de la existencia de las poblaciones colonizadas”. Así, hay un proceso en el cual se les cancela la posibilidad de que recreen su mundo, su arte, su lengua; se les niega la posibilidad de autonombrarse y, por tanto, la capacidad de existir como son en el mundo, y se les impone que pretendan existir bajo los criterios del dominador. Ese es el acto ontologizante; es decir: hay una pretensión de la no existencia del indígena, de las poblaciones originarias, tal como lo expone Frantz Fanon —discípulo de Aimé Césaire—, con su teoría del no ser. Este psiquiatra y filósofo francés-caribeño, de origen martiniqués, pone de manifiesto cómo la modernidad establece patrones de dominación ontologizantes, en el sentido de atribuir a las poblaciones colonizadas una condición de bárbaras, incivilizadas, inferiores, incapaces. Un acto de esencialismo ontológico: de tu ser, tu esencia de existencia. Karina Ochoa lo denomina un proceso histórico de feminización del aborigen en nuestra América; un marcaje de raza que niega la condición de ser de los indígenas, tal como en el pensamiento ilustrado, quedaban anulados los agentes femeninos. Esto es, la ontologización como una estrategia colonial del poder.

El problema —dice Karina Ochoa— es que, si nosotros planteamos que debemos dejar de ser objetos o cosas, para convertirnos en sujetos, debemos hacernos la siguiente pregunta: «Sí, pero ¿qué tipo de sujeto?». Porque… si voy a aspirar al sujeto de la opción moderna/colonial, ese ejercicio no nos saca del circuito de la lógica hegemónica. De ahí la necesidad de hacer un desplazamiento metodológico y epistemológico que nos permita estar situados y políticamente comprometidos con criterios de relación que reconozcan y respeten la otredad. Aquí Ochoa cita a la filósofa y feminista estadounidense Sandra Harding: «No basta con hacer sonar lo que dicen o creen los grupos oprimidos. Los grupos oprimidos, a menudo, creen en las representaciones distorsionadas de las relaciones sociales que producen los grupos dominantes». Por ejemplo, yo puedo identificarme como indígena, y tener prácticas absolutamente occidentalizadas; o puedo autopresentarme como una mujer negra, y reproducir las lógicas hegemónicas; o puedo reconocerme como comunera, y tener una subjetividad moderna/burguesa/individualista.

Entonces, ¿cómo podríamos salirnos de esa lógica ontologizante? Entendiendo que ser no es un asunto fijo ni esencial. Aquí Karina Ochoa, asoma una categoría en construcción, muy potente: ser siendo. Un ser que va construyendo de manera dinámica, y que se hace de manera colectiva. Para ello, esta maestra descolonial pone sobre la mesa reconocer las múltiples existencias y vivires (como proponen algunos pueblos indígenas). ¿Qué quiere decir? Que no es un asunto de autoidentificación: uno es cuando está siendo ese ser (en la acción, en la reflexión, en la espiritualidad, en la relacionalidad).

El ser siendo sería una estrategia de «dialéctica transcendental», que haría inteligible y visible eso que le da sentido, forma y fondo a la existencia, así como el modelo ideal que nos mueve. Una estrategia que también llevaría a develar el carácter ideológico pre-supuesto en los modelos de existencia que perseguimos y permitiría empezar a cambiar las preguntas, en el entendido de que estas nos dirigen al lugar donde vamos a llegar.

Tal desplazamiento, además, implicaría entender que el «desarrollo» propuesto por Occidente también es una manifestación ontológica que contiene todo un sistema de explotación/expoliación, el cual opera desde la lógica moderno-capitalista. Por ende, la exigencia de poner en cuestión el derecho al «desarrollo» y desnudar las estrategias ideológicas utilizadas para diseñar y justificar la violencia constitutiva del sistema moderno/capitalista, así como lo que este sistema niega, esconde, encubre y no permite ver o tematizar. Dicho de otro modo: entender que la violencia es constitutiva del «desarrollo»; no es una consecuencia: es parte de él. El «desarrollo» (no importa cuál sea su apellido: sostenible, sustentable, endógeno, verde, inclusivo) —ese sueño-pesadilla del que nos habla Galeano— es violento, extractivista, negador de la existencia de la vida; porque su principio es que la vida humana está por encima de la vida natural, y que esta última solo es un objeto que debe estar al servicio de la vida humana. De manera que las interrogantes no estarían orientadas a revisar los efectos o los costos que tiene el «desarrollo», sino en cómo se constituye el «desarrollo» y de qué forma nos define.

Estrategias necesarias para abrir hendiduras en aquello que aparece como fijo y absoluto, y hacer que los debates descoloniales se conviertan en alternativa política, vivencial y relacional (no solo metodológica), de cara a tener horizontes de sentido liberadores y criterios éticos que hagan posible un mundo donde puedan habitar muchos mundos.

QOSHE - “Ser siendo” - Nerliny Caruci
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“Ser siendo”

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13.09.2023

«El futuro es aquel que pasa por el conocimiento más profundo del pasado». Esta frase del poeta y político martiniqués Aimé Césaire constituye una afirmación de nuestra responsabilidad histórica de conocer de dónde venimos y adónde queremos ir; un reconocimiento que pasa por saber qué estamos siendo, cuál es el lugar a partir del cual soñamos y luchamos, cuál es el modelo ideal detrás de nuestras comprensiones y nuestras acciones, y cómo la historia hegemónica define nuestros ejercicios políticos y de soberanía. Esta pedagógica descolonial implica revisar los telones de fondo y los marcos categoriales desde los que solemos tematizar, de manera automática; problematizar las representaciones pre-supuestas en las posibilidades de existencia a las que aspiramos; y ser capaces de identificar las relaciones de dominación, de carácter estructural, presentes en nuestros procesos de construcción de alternativas para reproducir la vida.

El grito de la negritud en Césaire es una interpelación a pensar a fondo, fuera de los marcos de interpretación colonial: pensar, críticamente, más allá que las jerarquías eurocentradas, generar grietas en nuestra mirada del mundo y salir de la cárcel de la epistemología moderna. Se trata de una geopolítica que permite hacer un desplazamiento teórico y práctico desde un criterio opuesto a la mirada del sistema-mundo moderno/capitalista (basada en una idea de jerarquía, que garantiza que Europa mantenga su narrativa desde una posición de superioridad).

La pregunta epistémica es la siguiente: ¿cómo hacemos para que esa geopolítica alternativa se vuelva sentido común? ¿Cómo configuramos, desde otros horizontes de sentido, nuestra mirada de mundo? ¿Qué desplazamiento de criterio debemos hacer para que nuestra comprensión tenga otro lugar? La tarea es bien compleja. La perniciosa influencia de la colonialidad y sus imaginarios ha permeado todos los espacios. Césaire explica que hemos interiorizado la creencia de que la evolución que tuvo lugar en Europa es la única posible, la única deseable y que es por la que tendrá que pasar todo el mundo; a los pueblos de la periferia se les ha inculcado un complejo de inferioridad y un enorme deseo de querer ser salvados. Esto es: el colonizador se ha puesto en la posición de salvador y a los pueblos víctima se los pone como culpables: la culpa que te da no ser “civilizado”. La cultura moderna justifica su dominación con argumentos falaces y maniqueos para que los........

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