Acercarse a la figura ilustre y mártir de Salvador Allende puede motivar la revisión de Eduardo Frei, el hombre que le precedió en la presidencia de Chile y a quien Pablo Neruda incluyó en la lista de las “hienas voraces” en su poema póstumo Las satrapías, que citamos en el título de este artículo. Por supuesto, el motor era la economía y hablar de la de Chile es hablar de cobre. El cobre en Chile estaba explotado por la Kennekott Cooper y la Branden Cooper, cuya inversión inicial, entre las dos, no llegó a los 30 millones de dólares y en 42 años de raer la tierra chilena, se habían llevado 4.000 millones de dólares por concepto de utilidades. Los planes de expansión de la minería contemplaban llegar en 1972 a 1.217.000 toneladas métricas. En el Chile de 1964 era muy común el fenómeno del mesianismo político, Frei exhibió una aureola providencialista, ofreciendo la nacionalización del cobre como parte de su “revolución en libertad”. Fue electo. Frei procedió a una “chilenización” de la mina “El Teniente” y a preparar el terreno para que la Anaconda, con su gran yacimiento de Chuquicamata, avanzara de manera parecida. Fue una nacionalización respetuosa de las normas que tutelan las inversiones extranjeras. Washington se limitó a observar el proceso, ni uno solo de los mecanismos bestiales que se activarían contra el presidente Allende apareció contra el socialcristiano. Causó, sí, disgusto a las derechas, cuyos adalides calificaron a Frei Montalva, con indudable y malvada puntería, de “criada respondona”. Sinceramente o practicando el gatopardiano decir de que “Las cosas tendrán que cambiar para que sigan siendo iguales”, Frei continuó su camino. Como presidente tomó algunas medidas de justicia en la posesión de la tierra, presionado por los “cabezas calientes” de la Democracia Cristiana, principalmente por el ala dirigida por Jacques Chonchol, afectando a poderosos terratenientes chilenos. Otra vez hubo queja, Benjamín Malte, presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura, exclamó en una rueda de prensa: “¿Hasta cuándo el país va a seguir soportando la irresponsabilidad de este gobierno?”. Pero no sucedió huelga impedidora de la llegada de alimentos a la capital, no sonaron cacerolas, no explotaron bombas. Frei se congraciaba con las Fuerzas Armadas comprando más de 300 millones de dólares en submarinos, destructores, lanchas torpederas, helicópteros antisubmarinos, minas y cohetes navales, tanques, carros de asalto, lanzacohetes, bazucas, morteros, 21 cazas-bombarderos Hawker Hunter, aviones Havilland Vampire, ametralladoras y fusiles. El pretexto o razón eran virtualidades de conflicto de Chile con Argentina, Bolivia y Perú. Entretanto, la inflación era alta, con una desproporción entre el aumento de los sueldos y el costo de la vida que desató huelgas y paros laborales y dio pie al levantamiento del general Roberto Viaux Marambio, de la ultraderecha. Viaux amotinó al regimiento “Tacna”, dando su primer uso a los modernos tanques adquiridos por la Democracia Cristiana. El “cuartelazo de 24 horas” no prosperó, entre otras cosas gracias al respaldo que obtuvo Frei de las izquierdas, las que olvidándose de las fronteras ideológicas, cerraron filas para defender el sistema. El descontento comenzó a florecer en el seno de la misma Democracia Cristiana. El mesianismo de Frei se iba desinflando. Se apagaba su estrella, mientras ascendían las de su copartidario-amigo-rival Radomiro Tomic y la de su adversario, Salvador Allende.

En las elecciones del 4 de septiembre de 1970, habrá tres candidatos: Jorge Alessandri, Radomiro Tomic y Salvador Allende. Los dos últimos con programas casi iguales, aunque más radical el de Tomic. Para la ultraderecha chilena, era preferible Allende, “como mal menor” ante Tomic. Allende repetía: “600.000 niños de mi patria son retrasados mentales porque no recibieron proteínas en los primeros seis meses de su existencia”. Tomic sólo obtuvo el 27,8 por ciento de la votación, superado por Allende y Alessandri. Tuvo que ser el pleno del Congreso Nacional el que eligiera a uno de los dos candidatos. Jorge Alessandri pidió a Frei los votos de la Democracia Cristiana, a cambio de renunciar inmediatamente a la presidencia. Frei rechazó la idea y cuando el 24 de octubre de 1970, se reunió el Congreso para escoger a uno de los candidatos, ordenó a sus partidarios ratificar el triunfo de Allende. Es entonces cuando la ultraderecha, furiosa, voceará un calificativo para Eduardo Frei: el Kerensky chileno. El Kerensky chileno Llamar a Frei el Kerensky chileno fue un abuso lexical de la ultraderecha. Kerensky fue el último gobernante ruso previo al comunismo, pero no preparó la llegada de éste al poder, antes bien trató de evitarla y la combatió. Pero la ultraderecha repetía la frase: “Eduardo Frei, el Kerensky chileno”. ¿El Kerensky o el Maquiavelo? Fue Nicolás Maquiavelo justamente quien escribió: “Los profetas desarmados son conducidos a la cruz”. Para nadie era un secreto, y menos podía serlo para el avisado Frei que Allende iba, programática y psicológicamente, hacia un encontronazo con la cerril derecha y con el imperialismo que tenían en el cobre chileno una riqueza a la que no iban a renunciar mansamente. Allende hace su revolución dentro del civilismo, confía o parece confiar en las fórmulas legales, en su probadísima capacidad de maniobra, trata de imponer una lid donde se respetan las libertades y los derechos de todos. Tiene a su lado un líder militar, el general Prats, pero no activa una política de guerra, con lo que preserva su precioso estatus de presidente legal. ¿Precioso? El tiempo se demostrará su enemigo. En 1973 la situación se va haciendo más tensa. Se comenzó a paralizar al país, arruinando la economía. Frei juega sus cartas jesuíticamente. Ante el pedido del cardenal Raúl Silva Henríquez, para que se “desarmaran los espíritus y las manos”, declaró que su partido no admitiría dialogar con Allende, sin participación de todos los partidos, vale decir de la ultraderecha, que devenía así su aliada y representada. El 29 de junio de 1973, se produjo una asonada militar, que fue rápidamente sofocada gracias a la activa participación del comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, el general Carlos Prats. Después, en medio de la ola de paros, la Democracia Cristiana le niega al gobierno de Allende en el Congreso la autorización para implantar el estado de excepción, dejándolo inerme, con las manos atadas, a merced de la violencia que late en los cuarteles y se expresa en las calles en marchas de mujeres de clase media y alta, de fuerte impacto psicológico. Ya el general Prats ha salido del mando de las Fuerzas Armadas por presiones que lo han sustituido con el general Augusto Pinochet, acto que ya lo está diciendo todo. El conservador diario El Mercurio, de Santiago, cuyo propietario Agustín Edwards, reside en los Estados Unidos y es Vicepresidente de la Pepsi-Cola International, empresa con derecho a un sillón en la directiva de la CIA, se ha convertido en el vocero de Frei y del golpismo.

El día del atentado contra Chile es demasiado conocido para requerirse aquí su narración. Cabe, sí, detenerse en la actitud de Eduardo Frei, que se retratará en los actos de inauguración de Pinochet, caucionando su instalación mientras la represión más violenta que se conozca en la historia reciente latinoamericana llena el stadium de Santiago y las calles y casas del país austral. De esto, hay que decir que fue excepción un pequeño grupo de militantes socialcristiano, encabezados por Bernardo Leighton, que emitieron una declaración opuesta a la acción golpista. Frei juega a convertirse en la cara civil de los militares y los norteamericanos. Evidentemente, calcula que tendrán que recurrir a él, pero Pinochet fue más astuto y más fuerte. Progresivamente, el socialcristianismo chileno se distanció del nuevo régimen, que, áspero, lo disolvió, el 11 de marzo de 1977, junto a los otros partidos políticos que podían hacerle competencia desde la derecha. La muerte de Frei en 1981, ha sido revisada como un asesinato ordenado por Pinochet sin que se haya concluido nada. Entonces la Democracia Cristiana y otras fuerzas políticas confluyeron en la Alianza Democrática de 1983, el Acuerdo Nacional de 1985 y la Concertación de Partidos por el No de 1988, que allanó el camino a la derrota de Pinochet en el plebiscito del 5 de octubre de 1988.

Los despojos mortales de Allende recibieron sepultura en una tumba familiar del cementerio de Viña del Mar, donde permanecieron hasta 1990, cuando recibieron exequias nacionales. Diez años después, se erigió un monumento en su memoria en la plaza de la Constitución, frente a La Moneda, que forma parte de un conjunto arquitectónico junto a los erigidos en honor de los otros dos presidentes anteriores al golpe militar: Jorge Alessandri y Eduardo Frei Montalva. El poeta Pablo Neruda había erigido otro conjunto arquitectónico en los días inmediatamente siguientes al asesinato de Allende. Usó palabras y tituló al conjunto Las satrapías, y en él repartió los honores con criterio radicalmente diferente: “Nixon, Frei y Pinochet hasta hoy, hasta este amargo mes de septiembre del año 1973 con Bordaberry, Garrastazu y Banzer hienas voraces de nuestra historia, roedores de las banderas conquistadas con tanta sangre y tanto fuego. “Encharcados en sus haciendas depredadores infernales sátrapas mil veces vendidos y vendedores, azuzados por los lobos de Nueva York, máquinas hambrientas de dólares, manchados en el sacrificio de sus pueblos martirizados, prostituidos mercaderes del pan y el aire americanos, cenagales, verdugos, piara de prostibularios caciques, sin otra ley que la tortura y el hambre azotada del pueblo. “

¿Cuál Satrapía mantiene hoy en prisión a los jóvenes a los que le sacaron los ojos? El pueblo chileno sigue sufriendo miseria, pero está tomando en sus manos la lucha de la Constituyente. ¿Para qué lado está soplando Gabriel Boric?

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¿Para qué lado está soplando Gabriel Boric?

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27.09.2022

Acercarse a la figura ilustre y mártir de Salvador Allende puede motivar la revisión de Eduardo Frei, el hombre que le precedió en la presidencia de Chile y a quien Pablo Neruda incluyó en la lista de las “hienas voraces” en su poema póstumo Las satrapías, que citamos en el título de este artículo. Por supuesto, el motor era la economía y hablar de la de Chile es hablar de cobre. El cobre en Chile estaba explotado por la Kennekott Cooper y la Branden Cooper, cuya inversión inicial, entre las dos, no llegó a los 30 millones de dólares y en 42 años de raer la tierra chilena, se habían llevado 4.000 millones de dólares por concepto de utilidades. Los planes de expansión de la minería contemplaban llegar en 1972 a 1.217.000 toneladas métricas. En el Chile de 1964 era muy común el fenómeno del mesianismo político, Frei exhibió una aureola providencialista, ofreciendo la nacionalización del cobre como parte de su “revolución en libertad”. Fue electo. Frei procedió a una “chilenización” de la mina “El Teniente” y a preparar el terreno para que la Anaconda, con su gran yacimiento de Chuquicamata, avanzara de manera parecida. Fue una nacionalización respetuosa de las normas que tutelan las inversiones extranjeras. Washington se limitó a observar el proceso, ni uno solo de los mecanismos bestiales que se activarían contra el presidente Allende apareció contra el socialcristiano. Causó, sí, disgusto a las derechas, cuyos adalides calificaron a Frei Montalva, con indudable y malvada puntería, de “criada respondona”. Sinceramente o practicando el gatopardiano decir de que “Las cosas tendrán que cambiar para que sigan siendo iguales”, Frei continuó su camino. Como presidente tomó algunas medidas de justicia en la posesión de la tierra, presionado por los “cabezas calientes” de la Democracia Cristiana, principalmente por el ala dirigida por Jacques Chonchol, afectando a poderosos terratenientes chilenos. Otra vez hubo queja, Benjamín Malte, presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura, exclamó en una rueda de prensa: “¿Hasta cuándo el país va a seguir soportando la irresponsabilidad de este gobierno?”. Pero no sucedió huelga impedidora de la llegada de alimentos a la capital, no sonaron cacerolas, no explotaron bombas. Frei se congraciaba con las Fuerzas Armadas comprando más de 300 millones de dólares en submarinos, destructores, lanchas torpederas, helicópteros antisubmarinos, minas y cohetes navales, tanques, carros de asalto,........

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