Frescas están las imágenes de los parlamentarios canadienses aplaudiendo de pie, junto con el primer ministro Trudeau y el fascista Zelensky, a un nazi, un anciano ucraniano, emigrado al Canadá que perteneció a la división Galizien de las SS hitlerianas, de voluntarios ucranianos. Desde entonces Trudeau no encuentra la forma de cómo acallar este escándalo y se enreda en mentiras, por huir de su responsabilidad. Trató torpemente de apelar a la rusofobia como expediente que lo justifica todo en occidente y acusar a la propaganda rusa de lo sucedido. Nadie se tragó el truco, y ha tenido que cargar con el escarnio público y el rechazo de la comunidad internacional.

Lo sucedido es grave y puede repetirse en otras capitales occidentales. Esto se debe a que el occidente colectivo hegemonista ha terminado por adoptar prácticamente como ideología oficial la rusofobia, dejándose contaminar con la variante del nacionalismo ucraniano, que es esencialmente nazifascista.

De esta forma, conscientes o no, están permitiendo que el neonazismo renazca enmascarado en rusofobia. Como fenómeno la rusofobia ha cambiado su naturaleza de acuerdo con períodos históricos, pero con Hitler la rusofobia se fusionó con el nazifascismo, pues además del odio que ya le era consustancial, aparecieron otros rasgos extremos, el racismo a ultranza, la supresión del carácter humano de los rusos, su exterminio, el genocidio para rapiñar sus recursos y territorios. Peligrosamente esos rasgos renacen en la rusofobia actual. En Europa se ha promovido el odio a los rusos, se cancela la cultura rusa, el idioma, se expulsan de los eventos deportivos, se aplican enormes sanciones económicas, se intentan robar los depósitos en divisa de origen ruso, se envían grandes recursos financieros y toneladas de armas cada vez más letales a Ucrania, para que se pueda matar la mayor cantidad de rusos. En una visita a Kiev, el senador de Estados Unidos, Lindsey Graham, le dijo a Zelensky públicamente con una sonrisa: Los rusos están muriendo. Esta es nuestra mejor inversión. Muchas gracias, le respondió Zelensky.

En consecuencia, a mayor rusofobia, mayor la crisis del liberalismo occidental que se vuelve más autoritario, antidemocrático y más porosas sus fronteras con el nazifascismo.

QOSHE - Máscara del neonazismo - Juan Miguel Díaz Ferrer
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Máscara del neonazismo

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02.10.2023

Frescas están las imágenes de los parlamentarios canadienses aplaudiendo de pie, junto con el primer ministro Trudeau y el fascista Zelensky, a un nazi, un anciano ucraniano, emigrado al Canadá que perteneció a la división Galizien de las SS hitlerianas, de voluntarios ucranianos. Desde entonces Trudeau no encuentra la forma de cómo acallar este escándalo y se enreda en mentiras, por huir de su responsabilidad. Trató torpemente de apelar a la rusofobia como expediente que lo justifica todo en occidente y acusar a la propaganda rusa de lo sucedido. Nadie se tragó........

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