La existencia del Derecho Internacional Público como regulador del comportamiento de los sujetos de derechos, ya como individuos o como Estado/nación, busca mantener la armonía en la práctica de interrelacionarse. Bien sea a partir de leyes naturales, positivas a través de los contratos pactados entre las naciones o incluso derivado de la costumbre, la verdad es que el derecho internacional nace con la idea del establecimiento de un orden mediante el sometimiento a unas reglas consensuadas para alcanzar y mantener la paz.

Desde los tratados de Paz de Westfalia como probablemente el primer congreso diplomático de la época moderna, hasta el nacimiento de la Organización de las Naciones Unidas después de la segunda guerra mundial, se han establecido reglas comunes de obligatoria observancia, fundamentadas en los valores y principios que evocan la idea de igualdad, respeto, seguridad jurídica, soberanía, autodeterminación, entre otras, pero siempre con la idea del mutuo consentimiento y la no injerencia en los asuntos internos de cada estado.

En un mundo actual, globalizado e interconectado y con una aparente pero marcada tendencia al respeto de la dignidad humana como prioridad, debería tomar mayor importancia la base fundamental para el mantenimiento del orden internacional y en consecuencia de la paz entre las naciones como es el cumplimiento y respeto a dichas reglas de comportamiento, y, cuando un Estado quiebra esos códigos, también existe un orden establecido para hacer respetar las normas y dar una aparente seguridad jurídica.

La guerra constante impuesta por EE. UU

Teniendo todo esto claro, queda en evidencia que el peligro, entonces, radica en crear unilateralmente sus propias normas y con ellas violar el consenso internacional que nos dirige a la destrucción de ese mismo orden propiciando una anarquía que nos sumiría en un caos internacional. Nada distinto a lo que en la actualidad estamos viviendo por la acción de naciones como Estados Unidos que nos ha mantenido en una guerra constate, pasando de manipular las organizaciones y las leyes a crear su propio marco normativo interno para ser aplicado extraterritorialmente, sustituyendo peligrosamente la voluntad común de las naciones por la voluntad individual de sus gobernantes; de esta manera, han invadido naciones con argumentos falsos, han impuesto castigos ilegales y se han arrogado una potestad punitiva mundial como arma de agresión a los pueblos.

Estados Unidos ha pasado del uso a conveniencia de las organizaciones internacionales como la ONU y la OEA para conseguir sus objetivos injerencistas y de agresión, a ignorarlos cuando no les sirven de manera expedita en sus pretensiones, sustituyendo a esas organizaciones, que en principio son para el consenso y la paz por organizaciones para el terrorismo y la guerra como la OTAN.

Como ya sabemos, no es la primera vez que Estados Unidos ignora y contraría las normas y principios internacionales para ejecutar políticas de agresión. La invasión a Irak, sin mandato de la ONU, pudiera ser recordado como el punto de inflexión en el nuevo período de “Guerra Fría” a partir del cual ha ido abonando el camino para ejecutar acciones unilaterales a espaldas del derecho internacional y con la colaboración de algunas “naciones dispuestas”. El asesinato del general Qasem Soleimaní es también un ejemplo práctico de esto, todo ello en clara desesperación por tratar de mantener el unipolarismo que se ve irreversiblemente amenazado con el surgimiento imparable del mundo multipolar.

Así como dos décadas atrás Estados Unidos ejecutó una invasión militar y el asesinato de un jefe de Estado en clara contravención del derecho internacional y, por supuesto, de los principios más elementales de los Derechos Humanos a través de la construcción de pruebas falsas contra Irak, hoy continúa con su política guerrerista para ejecutar golpes de Estado usando el mismo método de pruebas falsas y argumentos ilegítimos, pero con instrumentos más sofisticados: “Las Nuevas Formas de Guerra”

La invasión militar, como conflicto armado frontal, ha perdido apoyo mundial generando mayores condenas, lo que ha llevado al surgimiento de nuevas formas de agresión, que aunque no se ejecutan con armas convencionales, siguen siendo una forma de guerra que generan víctimas con igual o mayor impacto y desprotegidas internacionalmente.

Es así como las Medidas Coercitivas Unilaterales, la manipulación mediática con la imposición de falsas narrativas, la instrumentalización de los sistemas de justicia con persecuciones políticas, la manipulación de los sistemas financieros, el chantaje a las naciones, se han convertido en los nuevos misiles que bombardean las naciones, generando estas guerras: Financieras, comerciales, culturales, cognitivas, jurídicas y diplomáticas que crean las condiciones más extremas para doblegar la voluntad de los pueblos y conseguir su objetivo: Dominar los sistemas políticos de cada nación para que les permita perpetuar su hegemonía.

Muamar el Gadafi en su discurso del 23 de Septiembre del 2009 ante la Asamblea General de las Naciones Unidas cuestionó a esta organización (ONU), a Estados Unidos y a algunas de las naciones líderes: “… Ningún País tiene derecho a intervenir en los asuntos internos de ningún gobierno, sea este democrático o dictatorial, socialista o capitalista, reaccionario o progresista, esto es responsabilidad de cada sociedad, es un asunto interno…” dos años después fue asesinado.

Hoy un nuevo orden económico y político va surgiendo en paralelo a la destrucción del establecido debido a las acciones permanentes de Estados Unidos que desnudan la ineficacia e incapacidad de la ONU para mantener la paz y el orden internacional.

¿Qué nos queda? ¿Continuar defendiendo al derecho internacional o acelerar el nacimiento y consolidación del nuevo mundo multicéntrico y pluripolar?

El secuestro y la judicialización al diplomático venezolano Alex Saab es otro ejemplo práctico del peligro que actualmente corre la estabilidad diplomática mundial. La persecución “judicial” a un enviado diplomático de Venezuela, a través de la aplicación por la fuerza de leyes extraterritoriales desprovistas de toda legalidad y legitimidad bajo el argumento de impedir que se concreten relaciones comerciales entre dos naciones soberanas (Venezuela-Irán), como lo confesó Mike Pompeo, es probablemente la mayor demostración de la ruptura del orden internacional en materia diplomática.

3 años de lealtad y resistencia

Han pasado más de 3 años, desde que el diplomático Alex Saab fue secuestrado por las autoridades de Cabo Verde a solicitud de los Estados Unidos de Norteamérica, y pronto se cumplirán dos años desde que Estados Unidos ejecutó un segundo secuestro violando toda la normativa nacional e internacional. En este punto, podríamos preguntarnos ¿qué ha ocurrido con su caso?, la palabra “NADA” sería la mejor respuesta.

Desde el 12 de junio del año 2020 se tejió todo un circo mediático asegurando que con la captura de Alex Saab se revelarían numerosos “secretos” que le permitirían a los Estados Unidos avanzar en su persecución contra el presidente Nicolás Maduro y demás funcionarios venezolanos, abriendo así las puertas a su tan añorado cambio de régimen; sin embargo, luego de 3 años, realmente no ha pasado nada que logre justificar tan grotesca ilegalidad, ni se ha revelado una sola prueba de delito alguno por él cometido, ni han conseguido su ansiado cambio, lo que sí se ha demostrado de Alex Saab es su inocencia, ganando así solidaridad mundial a su causa. Luego de 3 años de torturas, Alex Saab aboga por el diálogo y el respeto al derecho internacional.

Lo que sí ha ocurrido en estos 3 años es que el gobierno de los Estados uUnidos continúa avanzando hacia la destrucción de las normas internacionales, y es que no le ha sido suficiente la imposición antijurídica de 930 Medidas Coercitivas Unilaterales (MCU) a Venezuela, al margen de lo establecido por la ONU como única organización internacional con potestad para imponer este tipo de medidas sancionatorias, sino que ahora pretende avanzar hacia la aprobación y promulgación, nuevamente, de una ley de aplicación extraterritorial, propuesta al Congreso de los Estados Unidos por el senador demócrata Bob Menéndez, la llamada “ley de expansión de emergencia, asistencia a la democracia y desarrollo de Venezuela” (LEY VERDAD), siendo esta la actualización de la ley del 2019 que sirvió como instrumento de agresión a Venezuela.

Aun cuando parezca ya suficientemente alarmante la detención arbitraria de un diplomático como Alex Saab (violando uno de los convenios internacionales más ratificados en el mundo como la Convención de Viena sobre relaciones diplomáticas), y demás agresiones unilaterales a Venezuela, las alarmas deberían encenderse aún más con la pretendida aprobación de un cuerpo “legal” en la que legitimarían ponerle precio a la cabeza del presidente en funciones de la República Bolivariana de Venezuela: Nicolás Maduro Moros, mediante la incorporación a esta ley del “programa de recompensas de Narcóticos- Objetivos Venezolanos” de la DEA, con argumentos falsos e ignorando, una vez más, las protecciones internacionales de las que los jefes y representantes de estados gozan derivado de los convenios internacionales e ignorando sus propias leyes como la ley de relaciones diplomáticas de Estados Unidos; esto sería algo así como crear leyes nacionales para destruir las leyes internacionales.

Pero la agresión no queda allí, codificar en esta misma ley la posibilidad de manipular a Interpol para la emisión de alertas rojas contra el presidente de una nación soberana como Venezuela y contra sus principales representantes en funciones, para tratar de darle un matiz de legalidad a lo que a todas luces parece ser la resurrección de la “ley del viejo oeste”; lo que sería sepultar toda credibilidad y legitimidad de esta organización internacional, en caso que accediera.

Recordando que, en su desesperada persecución a Alex Saab, Interpol ya fue instrumentalizada por Mike Pompeo, quien confesó cómo logró convencer a sus autoridades para que emitieran una alerta roja contra el diplomático en tiempo récord. Dieciséis minutos bastaron para que esta organización quedara herida de muerte, pues emitir a destiempo una orden de captura contra una persona protegida internacionalmente con inmunidad diplomática, que ya estaba previa e ilegalmente retenida, sin cumplir los requisitos exigidos por el reglamento de Interpol para emitir este tipo de alertas y, peor aún, violando uno de los principios rectores que garantiza la neutralidad de esta organización recogido en el artículo 3 de sus estatutos. Todo esto convierte a Interpol, sin duda alguna, en uno de los brazos ejecutores de Estados Unidos para dar golpes de Estado.

Ahora, es paradójico que esa misma protección de inmunidad que la administración de Donald Trump violó para perseguir políticamente a un diplomático venezolano, es la que hoy vulneran los mismos sistemas de justicia politizados de los Estados Unidos al servicio de la administración de turno. Aun cuando Biden trató de marcar distancia con las acciones ilegales de Trump, parece continuar su mismo legado.

Desde tiempos antiguos, agredir a una Misión Diplomática era inconcebible sin prever graves consecuencias, el principio de reciprocidad internacional marcaría la respuesta ante un hecho tan grave; sin embargo, hoy en día la aniquilación progresiva de este respeto, con la implementación de las nuevas formas de guerra, nos ha llevado a presenciar un hecho que podemos decir marca el inicio del fin del respeto a las relaciones diplomáticas entre estados: “La judicialización de la diplomacia”.

Mientras Estados Unidos, por una parte, sigue invocando una supuesta “protección a los Derechos Humanos” para justificar la agresión a Venezuela, ejecutando graves actos de injerencia y acciones contra el pueblo venezolano que se consideran crimen de genocidio, según lo establecido en el artículo 6 literal C del Estatuto de Roma; Alex Saab, por otra parte, es “castigado” por haber trabajado en mitigar el grave impacto que esas acciones generaban en los derechos fundamentales de la población más vulnerable.

Hoy en día, sigue siendo víctima de la violación continuada a sus Derechos Humanos más elementales, pues durante más de 3 años se le ha negado de manera absoluta una atención médica adecuada a su condición de sobreviviente de cáncer de estómago, o algo tan básico como la posibilidad de recibir luz solar. Un encierro en condiciones deshumanizantes, un proceso judicial antijurídico, parcializado, con retardos y dilaciones injustificadas, una criminalización constante a su persona y una violación casi total de la pirámide Maslow, demuestran cómo la supuesta protección a los Derechos Humanos sirve de base para cometer crímenes contra la humanidad.

La detención arbitraria de Alex Saab y su sometimiento a torturas, además de violar la soberanía de Venezuela, significa la violación de, al menos, cinco pactos internacionales en materia de Derechos Humanos. Así lo identificaron un Grupo de Trabajo y cuatro relatorías especiales del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en la carta enviada a Cabo Verde el 19 de Julio de 2021 en la cual expresó que su caso parece indicar:

“… violación prima facie del derecho a la libertad, a la seguridad de la persona y a la integridad física y moral, así como del derecho a la justicia y a un juicio justo, consagrados en los artículos 7, 9 y 14 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PIDCP)…” e identificó la violación al “artículo 5 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH), los artículos 2 y 16 de la Convención contra la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes (CAT); el artículo 7 del Pacto internacional de derechos civiles y políticos (ICCPR) y el artículo 3 del Convenio europeo de Derechos Humanos”.

Las torturas a la que ha sido sometido Alex Saab, no se limitan a las tradicionales y terribles torturas físicas que buscan causar un dolor fisiológico, el cual soportó durante 491 días dentro de Cabo Verde, nación que eligió Estados Unidos para cometer estos actos como una especie de resurgimiento de aquel plan de “Tortura por Proxy” por el que han sido señalados ampliamente agentes de la CIA y de Reino Unido, siendo una de las razones por las que Estados Unidos no suscribe el Estatuto de Roma.

De la misma manera que han evolucionado las formas e instrumentos de guerra, han cambiado también los métodos de tortura. La criminalización a Alex Saab ejecutado por los medios propagandísticos al servicio de la guerra, llevan a una tortura y asesinato moral, razón por la cual su esposa, hijos y hermanos son también criminalizados y perseguidos.

Las constantes prórrogas y dilaciones injustificadas dentro del proceso jurídico, así como la aplicación de medidas injustas y desiguales tomadas en decisiones judiciales como la “orden mordaza” para impedir a los abogados de la defensa declarar públicamente, nos evidencia las torturas judiciales continuadas a las que es sometido el diplomático Alex Saab como parte de la aplicación de la guerra jurídica.

Pero el padecimiento de Alex Saab no se limita a su persona, pues con su encierro y tortura se extiende la violación de los Derechos Humanos a su familia. Una esposa perseguida y amenazada; unos hijos e hijas impedidos de ver a su padre, unos padres que perdieron la vida sin poder despedirse de su hijo, una familia entera separada. Todo esto da cuenta del carácter extensivo del sufrimiento derivado de la privación ilegítima a la libertad de un individuo.

Camilla Fabri ha sido víctima de una de las formas de violencia política y mediática más grotescas por el solo hecho de ser la esposa de Alex Saab y por convertirse en la voz visible de defensa a los Derechos Humanos de su esposo y de la población venezolana.

¿Cómo se puede hablar de Protección a los Derechos Humanos para justificar al mismo tiempo la violación de ellos?

Esta ha sido la excusa de los Estados Unidos, el uso de la teoría de los delitos de riesgo para permitirse tomar “acciones” contra todo lo que supone un riesgo a su seguridad nacional, desde las invasiones ilegales que solo han generado destrucción de esos estados como el caso de Afganistán, Irak, Libia entre otros, hasta la aplicación de medidas coercitivas unilaterales como forma de terrorismo de estado como en el caso de Venezuela, por supuesto, que perder su hegemonía imperial es un riesgo suficiente para ir en contra de todo el orden establecido.

Por más “justificación” que se le trate de dar a las agresiones contra Venezuela y al secuestro de Alex Saab, lo cierto es que se emplearon estrategias de guerra para vender como realidad un riesgo que no existía. Es así como el “país de la libertad” quita la libertad de los pueblos de asegurar su propia supervivencia, generando miles de víctimas que se encuentran actualmente desprotegidas por ese moribundo orden internacional.

Avancemos en el desarrollo de las nuevas formas de protección a los derechos humanos de los pueblos.

*Indhriana Parada es abogada, miembro del Movimiento #FreeAlexSaab

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Una mirada al mundo multipolar

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30.08.2023

La existencia del Derecho Internacional Público como regulador del comportamiento de los sujetos de derechos, ya como individuos o como Estado/nación, busca mantener la armonía en la práctica de interrelacionarse. Bien sea a partir de leyes naturales, positivas a través de los contratos pactados entre las naciones o incluso derivado de la costumbre, la verdad es que el derecho internacional nace con la idea del establecimiento de un orden mediante el sometimiento a unas reglas consensuadas para alcanzar y mantener la paz.

Desde los tratados de Paz de Westfalia como probablemente el primer congreso diplomático de la época moderna, hasta el nacimiento de la Organización de las Naciones Unidas después de la segunda guerra mundial, se han establecido reglas comunes de obligatoria observancia, fundamentadas en los valores y principios que evocan la idea de igualdad, respeto, seguridad jurídica, soberanía, autodeterminación, entre otras, pero siempre con la idea del mutuo consentimiento y la no injerencia en los asuntos internos de cada estado.

En un mundo actual, globalizado e interconectado y con una aparente pero marcada tendencia al respeto de la dignidad humana como prioridad, debería tomar mayor importancia la base fundamental para el mantenimiento del orden internacional y en consecuencia de la paz entre las naciones como es el cumplimiento y respeto a dichas reglas de comportamiento, y, cuando un Estado quiebra esos códigos, también existe un orden establecido para hacer respetar las normas y dar una aparente seguridad jurídica.

La guerra constante impuesta por EE. UU

Teniendo todo esto claro, queda en evidencia que el peligro, entonces, radica en crear unilateralmente sus propias normas y con ellas violar el consenso internacional que nos dirige a la destrucción de ese mismo orden propiciando una anarquía que nos sumiría en un caos internacional. Nada distinto a lo que en la actualidad estamos viviendo por la acción de naciones como Estados Unidos que nos ha mantenido en una guerra constate, pasando de manipular las organizaciones y las leyes a crear su propio marco normativo interno para ser aplicado extraterritorialmente, sustituyendo peligrosamente la voluntad común de las naciones por la voluntad individual de sus gobernantes; de esta manera, han invadido naciones con argumentos falsos, han impuesto castigos ilegales y se han arrogado una potestad punitiva mundial como arma de agresión a los pueblos.

Estados Unidos ha pasado del uso a conveniencia de las organizaciones internacionales como la ONU y la OEA para conseguir sus objetivos injerencistas y de agresión, a ignorarlos cuando no les sirven de manera expedita en sus pretensiones, sustituyendo a esas organizaciones, que en principio son para el consenso y la paz por organizaciones para el terrorismo y la guerra como la OTAN.

Como ya sabemos, no es la primera vez que Estados Unidos ignora y contraría las normas y principios internacionales para ejecutar políticas de agresión. La invasión a Irak, sin mandato de la ONU, pudiera ser recordado como el punto de inflexión en el nuevo período de “Guerra Fría” a partir del cual ha ido abonando el camino para ejecutar acciones unilaterales a espaldas del derecho internacional y con la colaboración de algunas “naciones dispuestas”. El asesinato del general Qasem Soleimaní es también un ejemplo práctico de esto, todo ello en clara desesperación por tratar de mantener el unipolarismo que se ve irreversiblemente amenazado con el surgimiento imparable del mundo multipolar.

Así como dos décadas atrás Estados Unidos ejecutó una invasión militar y el asesinato de un jefe de Estado en clara contravención del derecho internacional y, por supuesto, de los principios más elementales de los Derechos Humanos a través de la construcción de pruebas falsas contra Irak, hoy continúa con su política guerrerista para ejecutar golpes de Estado usando el mismo método de pruebas falsas y argumentos ilegítimos, pero con instrumentos más sofisticados: “Las Nuevas Formas de Guerra”

La invasión militar, como conflicto armado frontal, ha perdido apoyo mundial generando mayores condenas, lo que ha llevado al surgimiento de nuevas formas de agresión, que aunque no se ejecutan con armas convencionales, siguen siendo una forma de guerra que generan víctimas con igual o mayor impacto y........

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