Francisco de Miranda y las miserias de Donald Trump |
En 1781 y en 1782, más de un siglo (104 y 105 años respectivamente) antes de la llegada a Estados Unidos en 1885 del abuelo de Donald J Trump, Friedrich Trump, un inmigrante que ocultaba su origen alemán haciéndose pasar por sueco, y 165 años antes de que su nieto Donald Trump el actual Presidente de los Estados Unidos hubiese nacido en 1946; un venezolano, nacido en Caracas, Don Francisco de Miranda, había participado activamente combatiendo en la Batalla del estratégico Puerto de Pensacola (1781), controlado por los ingleses que terminaron rindiéndose, siendo promovido al grado de Teniente Coronel y en 1782 desempeña un papel crucial como negociador autorizado y artífice de la capitulación de los ingleses en Las Bahamas, firmada por el vicealmirante John Maxwel, hechos estos con los cuales Miranda contribuyó de manera importante a la Independencia de los Estados Unidos. Y así siempre ha sido reconocido.
En 1783, cuando ya ese país había logrado su independencia, Miranda va a los Estados Unidos donde su prestigio militar, ilustración intelectual y el respeto de que era acreedor y merecedor eran tales -habida consideración de que este había participado en la guerra de su independencia-, que era invitado y se reunía con líderes de la independencia norteamericana como “George Washington, John Adams, Thomas Jefferson, Benjamin Franklin, Alexander Hamilton, Henry Knox, Ezra Stiles, Thomas Paine, Samuel Adams (…). Comparte con ellos largas tertulias, debate sobre los fundamentos de la Constitución (…), asiste a las reuniones del Congreso y discute abiertamente sobre temas políticos, filosóficos o religiosos”. (Carmen Bohórquez. Francisco de Miranda. Precursor de las Independencias de la América Latina. 131-132). Observando también expresiones raciales discriminatorias y algunas contradicciones manifiestas en la Constitución republicana norteamericana.
Miranda independentista
Entre 1785 y 1789 recorre gran parte de Europa, incluyendo extensos territorios de Rusia. En este andar por el mundo, donde llega siempre genera admiración entre los más poderosos gobernantes, reyes, emperadores, intelectuales, filósofos, escritores, poetas, artistas, músicos.
Miranda se había dedicado por años a viajar por distintos países a explicar y buscar ayuda en pro de la Independencia de las colonias de España, que le ha valido el título de Precursor de la Independencia de la América del Sur e ideólogo de la creación de Colombia, con el fin de integrar los territorios que abarcaban “…desde el Mississippi hasta el Cabo de Hornos, con el océano por frontera en el Oeste, y por el Este los linderos del Brasil y Guayanas; Cuba quedaría inclusa, por ser llave del Golfo de México”. (Alfonso Rumazo González. Francisco de Miranda Protolíder de la Independencia Americana p. 141.).
En 1806, a pesar de la negativa del gobierno de los Estados Unidos de apoyarlo, pues en el fondo estos siempre se habían opuesto a la independencia de las colonias españolas, Miranda, decide invadir las costas venezolanas, siendo las autoridades españolas informadas previamente de los planes de Miranda desde que éste salió de los Estados Unidos, el 27 de abril de 1806, desiste de su intento y resuelve ir hacia Trinidad para volver luego sobre el puerto de La Vela de Coro, donde si va a desembarcar y por primera vez, el 3 de agosto de 1806, se iza la bandera en suelo patrio.
Su dimensión es tal que cuando va a París en marzo de 1792, debido a su fama militar, es requerido por los franceses para defender la República Revolucionaria, llegando a ser Mariscal de Campo, General y Teniente General de los Ejércitos de la Revolución Francesa, participando en la batalla de Valmy (septiembre de 1792), cuya importancia fue crucial para la pervivencia de la revolución y en el desarrollo de la historia universal. «Considerada por Goethe como el “inicio de una nueva fase de la historia del mundo” en tanto a lo que significa para la continuación del proceso revolucionario francés (…)» y en el sitio de la ciudad portuaria de Amberes, el 29 de noviembre de 1792, asediándola 4 días hasta desalojar a las tropas prusianas y austriacas. (El camino a Amberes).
Hoy, la figura de Miranda representada en retratos, pinturas, bustos y estatuas se encuentra en diferentes lugares y países del mundo, particularmente en el Reino Unido, Estados Unidos y Rusia, además de Francia. Su nombre está inscrito, cerca del de Napoleón, en el Arco de Triunfo de París, uno de monumentos más famosos de la modernidad, construido en memoria de los momentos más gloriosos de la historia de Francia, con grabado de los generales de la Primera República Francesa (1792–1804) y el Primer Imperio Francés (1804–1815).
El ADN de Donald Trump
Es precisamente a los Estados Unidos, a cuya independencia contribuyó Miranda que, en 1891, llegó el abuelo paterno de Donald Trump, Friedrich Trump (más tarde Frederick Trump), un inmigrante alemán proveniente de Kallstadt, Baviera, aprovechando la libertad de esa nación -que Miranda contribuyó a obtener, y en esto hay que insistir en dejarlo bien establecido-, instalandose en Queens, Nueva York. Luego en Seattle, en Washington Street donde abundaban variedades de salones, casinos y burdeles, se dedico al negocio del Dairy, un Restaurant donde se servía comida, licor y se anunciaba que incluía «Habitaciones para damas», un eufemismo común para la prostitución. Ya antes había amasado una fortuna operando restaurantes y burdeles para mineros durante la Fiebre del Oro de Klondike, Canada.
Es quizás de ahí, genéticamente o en su ADN alemán y de las prácticas de su abuelo, de donde vendría la idea racista de supremacía blanca, la afición por los casinos y la relación de Trump con afamados pedófilos y violadores de niñas y adolescentes, y su tendencia a falsificación de registros comerciales, ocultar pagos por encuentros sexuales y pornógrafa; crímenes por los cuales ha sido declarado culpable por la Justicia y pendiente de la condena que le habrán de imponer, por muy Presidente de los Estados Unidos que él sea y aunque ese país se precie de ser el más democrático, paladín de la libertad y la más grande potencia económica y militar del mundo.
Con su racismo discriminador, Trump siente desprecio por los latinos y nos califica de delincuentes, narcotraficantes, criminales y escorias, al punto de ordenar la construcción de un muro en la frontera entre Estados Unidos y México para impedir la entrada de inmigrantes y ahora persiguiendo y deportando a miles de ellos sin ningún tipo de consideración y respeto de su dignidad y derechos humanos, y que por décadas han trabajado y contribuido con el crecimiento de EEUU; en contra de lo cual se han pronunciado y continúan protestando millones de estadounidenses, como también lo están haciendo destacados e influyentes líderes políticos y militares de alto rango norteamericanos, por las guerras provocadas por Trump y el secuestro del Presidente de Venezuela. Mientras él no tiene medida ni límite en su destrucción de la institucionalidad del país que gobierna y siente desprecio por la Corte Suprema, el Senado y del Congreso todo, incluidos los miembros de su propio partido y por los sectores populares norteamericanos.
Cuando Miranda debatió y compartió con Washington, John Adams, Jefferson, Benjamin Franklin, Hamilton, Knox, Paine, Samuel Adams parte de los fundadores de los Estados Unidos sobre los valores de democracia y libertad en la Constitución norteamericana, no imagino que aquella experiencia republicana pudiera llegar a degenerar y a la degradación a la que le han conducido las elites dueñas del poder político, militar y financiero encarnados hoy en Donald Trump.