¿Vamos a una guerra nuclear? |
La guerra de Trump y Netanyahu contra Irán demuestra que, a contrapelo de lo que auguraba la gran prensa de principios de este siglo, el petróleo sigue siendo el rey de la energía.
Los analistas del Pentágono se equivocaron al valorar las consecuencias de un cierre en el estrecho de Ormuz. Valoraron que toda la Otan, enfrascada en la guerra de Ucrania, apoyaría a Estados Unidos en el Oriente Medio.
Y se equivocaron al no darle importancia a que no abundan jóvenes dispuestos a que los maten por pleitos entre viejos poderosos.
¡Sin carne de cañón, como llamaban despectivamente en otras vidas a los soldados… no hay guerra posible!
Y de nada valen los armamentos, sin infantería dispuesta a dar la vida, como la dieron los 32 cubanos que cuidaban a nuestro Presidente.
De esta guerra de Trump y Netanyahu siempre quedan lecciones.
Una es que lo mejor es seguir las reglas que para mejor fueron elaboradas: Si Trump hubiese pedido permiso al Congreso yanqui, o se lo negaban o tendría que actuar dejando pasar el tiempo y mejor preparado estaría su ejército.
Desde el punto de vista de América Latina y quizás las islas del Caribe, la lección es otra.¡Ninguno de nuestros ejércitos está preparado para resistir una guerra moderna!Carecemos, a diferencia de Irán, de armamento propio y no propongo, por supuesto, ir hacia una autarquía en esa materia. Tampoco que formemos una piñata, como se ha hecho en los acuerdos multilaterales tipo Pacto Andino, donde se le dieron monopolios de fabricación a países que carecían de capital, tecnología y mercado.
Lo ideal sería avanzar poco a poco hacia el armamento nuestro, fabricado en cualquiera de los países latinoamericanos que puedan hacerlo.
Brasil acaba de probar el primer avión caza de quinta generación totalmente fabricado por sus industrias. ¡Si lo venden a buen precio y garantizando repuestos y apoyo técnico, se puede comprar!
Eso se lograría aprovechando que los grandes fabricantes de armas están distraídos ante la amenaza que Trump dejó colar, una vez “decepcionado” porque Europa desistió de ir a la guerra contra Irán.
Entonces DT sugirió que podría usar armas atómicas “para regresar a Irán a la edad de piedra”, como si eso no desataría el fin del mundo donde se cumpliría la profecía de Albert Einstein: “La cuarta guerra la combatiremos a pedradas”.