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La aniquilación humana

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10.04.2026

La amplísima cobertura mediática de la guerra naturaliza la muerte, la hace cotidiana. La amenaza del presidente de EEUU, Donald Trump, que nos mantuvo en vilo esta semana anunciando con soltura y algo de sorna que “una civilización entera morirá esta noche, para no volver jamás”, inauguró una nueva y aterradora etapa: la normalización de la posible aniquilación humana.

No es casualidad que el mandatario estadounidense dijera “civilización entera” y en algunas traducciones periodísticas se hablara de una “cultura”, pues ello alude abiertamente a lo que alguna vez se denominó “guerra civilizatoria”, es decir, la imposición definitiva, por medio de la violencia y de la muerte, de un modelo societal sobre otro; algo que solo es posible borrando al contrario de la faz de la tierra. A todas luces, esto fue una advertencia no solo al pueblo iraní, sino también a todas las naciones del mundo que no congenien con este nuevo y agresivo reacomodo geopolítico que protagoniza el imperialismo del norte global.

Sin embargo, las narrativas mediáticas (cine, TV, noticieros y redes sociales) nos han edulcorado por décadas el llamado “fin del mundo” hasta lograr la anulación total del miedo y la suspensión definitiva del terror. Pero ello sucede solo en las ingentes masas de habitantes del planeta que se encuentran marginadas de las riquezas y el confort, valores que yacen escondidos en los intereses mezquinos de quienes buscan imponer ese modelo civilizatorio de manera definitiva.

Cuando entendemos que la conflagración mundial que estamos presenciando se trata del control planetario del flujo de combustible fósil, corroboramos lo que siempre se ha dicho sobre las guerras: son disputas de poder económico y de control global.

Puede que alguien diga que fue otra bravuconada pendenciera del presidente Trump, pues después de tantos presagios de muerte y desolación terminó anunciando un cese al fuego que, a fin de cuentas y como siempre, fue irrespetado por sus aliados sin miramientos. Pero no confiemos. Una cosa es el discurso y otra, lo real.

Y lo real es que están anunciando, como lo hizo el cine por décadas, el fin de lo que conocemos hasta hoy como humanidad. Y Venezuela, como una de las mayores reservas de energía fósil del planeta, está jugando un papel importantísimo que algunos aún no son capaces de apreciar en su justa dimensión.


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