menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

¡Cuidado Irán! Trump admitió que está en Guerra. El golpe al corazón de la gente

14 0
08.04.2026

La guerra que Trump ha reconocido sin rubor el viernes 3 de abril — «Estamos en guerra» , dijo— ha empezado matando lo más sagrado. Al apuntar a los líderes, no buscan solo descabezar un gobierno; buscan la orfandad del pueblo. Quieren que la gente se quede sola, sin la mano que organiza el pan, la medicina o la seguridad. Es el diseño del desamparo: dejar a millones de familias a la intemperie, como quien arranca el techo de una casa en medio de la tormenta.

Cuando un misil estalla en una escuela de niñas, lo que vuela por los aires es el futuro. Allí no hay soldados, solo niñas descubriendo el alfabeto. El mensaje es una tortura psicológica: «Ni siquiera tus hijos están a salvo». Quieren que los padres vivan con el alma en un hilo. 

Es la barbarie que no necesita electricidad para quebrar el espíritu; le basta con el rastro de cuadernos chamuscados entre los escombros.

La ignorancia armada de avaricia

Hay una ceguera cruel en los ataques a universidades y hospitales. Irán no es un punto en un mapa; es la tierra que nos enseñó el oficio de ser médicos. Hace 1,500 años, mientras el mundo caminaba a oscuras, los persas fundaron la Academia de Gondishapur, el primer hospital real donde la ciencia se aprendía al pie de la cama del doliente. (El primer Hospital Universitario de la Historia)

Pero la maestría persa fue más allá de la medicina; fue una vanguardia en el dominio de la energía y la materia. Mientras la nación que hoy agrede apenas cumple 250 años de existencia, los científicos sasánidas ya exploraban los límites de la electroquímica. El hallazgo de la Batería de Bagdad es el testimonio más audaz de esa curiosidad: vasos de arcilla con cilindros de cobre y varillas de hierro que, activados con jugos de uva o vinagre, sugieren que hace milenios ya manipulaban corrientes eléctricas para el galvanizado de metales. 

Esa «alquimia real» no era magia, era ciencia aplicada para crear una orfebrería de precisión que brilló en toda la Ruta de la Seda.

Incluso el desierto fue vencido por su inteligencia. Con los Yakhchals, Persia regaló a la humanidad los primeros refrigeradores masivos. Usando un mortero térmico impenetrable llamado sarooj y torres de viento (Badgirs), lograban fabricar hielo en invierno y conservarlo bajo veranos feroces. No era un lujo banal; era una «cadena de frío» estratégica para preservar las medicinas de Gondishapur y los alimentos del pueblo. Era la victoria de la mente y la creatividad sobre la geografía.

La barbarie como estrategia de oscuridad

Bombardear hoy el Instituto Pasteur o un centro de investigación no es un acto táctico; es un pecado contra la especie. Que una potencia joven, nacida apenas en 1776, intente llevar a la «edad de piedra» a una civilización milenaria que dominó la termodinámica y los derechos humanos (el Cilindro de Ciro) sería el triunfo de la fuerza bruta sobre la luz.

El plan se ejecuta con la cobardía de apagar la luz y cortar el agua. Al destruir las plantas eléctricas, apagan también las incubadoras y los quirófanos. Sin electricidad no hay bombas de agua, y sin agua, la sed se convierte en un arma de guerra dentro de cada hogar. Esto no es estrategia militar; es un plan de exterminio cotidiano. Es el uso de la tecnología más sofisticada para infligir el dolor más primario: el de una madre que no tiene una gota de agua limpia para su hijo.

La verdad sin adornos

Esta guerra no es por la libertad, es por el botín. Lo han dicho sin rodeos: quieren «ganar mucho dinero”. Es la lógica de un auditor de bajas que no siente el pulso de la vida. 

Cuando destruyen un puente, no ganan una batalla; condenan al abuelo que ya no puede subir escaleras en la oscuridad y al niño que enferma por el agua contaminada.

No podemos ser cómplices del «silencio de los cementerios». La paz no es un papel firmado en una oficina de lujo; es el derecho sagrado a vivir con dignidad. Si permitimos que se destruya la cuna de la medicina por unos barriles de petróleo, o montar una aduana en el estrecho de Ormuz ¿qué herencia le dejaremos a nuestros hijos? La indiferencia es el combustible de esta guerra. 

 Cada vez que cerramos los ojos ante una universidad bombardeada, dejamos que la barbarie gane . Es hora de entender que en cada hospital iraní que se apaga, se extingue también una parte de nuestra propia humanidad. No es solo Irán el que se desangra; es la decencia del mundo la que se nos escapa entre los dedos.

Señor Trump: una Invitación al siglo XXI

A la nación de los Estados Unidos, que en este 2026 alcanza sus 250 años de historia, y a su liderazgo: el mundo que habitamos ya no tiene espacio para la lógica del «Suma Cero». La era de los imperios está chocando contra los límites físicos y morales de la realidad. No les pedimos que se retiren por debilidad, sino que avancen por sabiduría.

Les proponemos cambiar el algoritmo de guerra por un Tratado de lo Común, basado en tres pilares que son, en última instancia, las leyes de la vida:

Uno: El Reconocimiento de la Vulnerabilidad (La Conciencia del Límite)

La potencia que hoy presume de invulnerabilidad olvida que el aire, el agua y el clima no reconocen fronteras ni millonarios presupuestos militares. Les invitamos a abandonar la arrogancia del poder absoluto.

Un misil en cualquier rincón del planeta es una herida en la estabilidad global que termina golpeando sus propias costas.

Reconocer que la seguridad de los Estados Unidos es imposible si el resto del mundo vive en la precariedad. La verdadera grandeza no es ser el más fuerte, sino el que más cuida el ecosistema que nos sostiene a todos.

Dos: La Apuesta por lo Comunal (Frente al Egoísmo Social)

Irán, junto a naciones como Venezuela, China, México, Cuba y muchos pueblos ancestrales, ofrecen el ejemplo de lo Comunal: el espacio donde la solidaridad no es un favor ni una concesión, sino una estructura de supervivencia.

El control de los recursos ajenos es una victoria pírrica frente a la necesidad de cooperar para no colapsar.

Le Invitamos a los Estados Unidos a pasar de creerse el policía global a ser un socio en la reproducción de la vida. El éxito ya no puede medirse en dominación, sino en la capacidad de generar espacios de acción y solidaridad donde la vida sea el centro.

Tres: Las Reglas de Ostrom (Sostenibilidad en Igualdad)

La gobernanza del mundo debe dejar de ser un ejercicio de fuerza bruta para convertirse en un diseño de respeto mutuo. Las reglas de Elinor Ostrom nos enseñan que la estabilidad depende de que cada nación sea dueña de su destino.

Reconocer que cada Nación —sin excepciones ni jerarquías— tiene derecho a sus propios mecanismos de resolución de conflictos y a la gestión soberana de sus bienes comunes.

Estados Unidos y todas las naciones tienen la oportunidad histórica de liderar no por el miedo, sino por el respeto a las reglas que garantizan la sostenibilidad del planeta.

Sr. Trump, Estados Unidos: el camino no es la guerra, es hacer común.

No les pedimos que renuncien a su identidad, sino que la entiendan como una parte de un todo más antiguo y vasto. Les invitamos a sentarse a la mesa no como los dueños de la casa que dictan las normas, sino como otro invitado de honor en una civilización humana que tiene milenios cuidando la llama de la humanidad.

La «Edad de Piedra» no se encuentra en las ciudades milenarias que intentan bombardear y destruir; se encuentra en la mente de quien sustituye la empatía diseñando algoritmos de guerra y cree que el dominio vale más que la coexistencia. Es hora de reconocer al otro como un igual —desde la isla más pequeña hasta el continente más vasto— y construir el Pluriverso: ese mundo donde quepan todos los mundos bajo las premisas de la igualdad, justicia y dignidad.

Hagamos común la vida, en igualdad y respeto, antes de que el suma cero nos haga comunes en la nada.


© Últimas Noticias