Casi un cuarto de siglo le tomó a la derecha eternamente maltrecha hacerse de un poquito de credibilidad en el escenario internacional, hasta que el experimento de la autojuramentación de forma prodigiosa les cayó como venida del Cielo, abriéndoles de la noche a la mañana las puertas de los centros del poder mundial para recibir el dulzor de los elogios palaciegos mas encumbrados y recónditos del planeta, como para que venga ahora a producirse esta bochornosa tragedia en la que ha deparado el sainete de la chapuza guaidocista, convertida sin que ellos mismos sepan ni por qué en hazme reír de ese universo que apenas ayer los aplaudía y ensalzaba.

En todas partes les sucede igual: donde ayer entraban hinchados de ínfulas plenipotenciarias, con los músculos fatigados del saludo multidisciplinario a las masas que los vitoreaban como quien se deslumbra ante la presencia del Redentor mismo, hoy ni siquiera les es permitido asomarse, como en el Palacio de Nariño, por ejemplo; la Casa de Pizarro; la Casa de la Moneda; la Casa Rosada; y ahora el Palacio de Planalto.

En el doloroso proceso de pulverización cósmica por el que vertiginosamente atraviesan, apenas concitan el frágil y muy tímido apoyo de una destartalada Casa Blanca cada vez más venida a menos (a la que cada día se le insubordinan mas sus antiguos fieles servidores) y eso ya no es ayuda para ellos porque amor sin forraje no dura y el cierre del flujo humanitario en dólares que tan dispendiosamente antes les llegaba hoy es solo una tenue remembranza de lo que un día pudo haber sido y no fue.

Para colmo, la vieja Europa que tan férreamente se plegaba a su nueva lógica de colonialismo del siglo XXI, y que tantos elogios le hizo merecer al idílico gobierno autojuramentado, ahora aparece dando el espectáculo mundial de la emoción y las palmadas fraternas con el presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela y sus ocho estrellas de grandeza, rectitud y soberanía, y el circo guaidocista termina por desmoronarse.

Ahora tienen que mentirle de nuevo al mundo, acusando de chavista nada más y nada menos que al presidente de la Francia grande y ampulosa de todos los siglos.

Es el problema de andar mintiéndole al mundo con el burdo cuento de las dictaduras que no existen.

QOSHE - El Macron chavista - Alberto Aranguibel
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El Macron chavista

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09.11.2022

Casi un cuarto de siglo le tomó a la derecha eternamente maltrecha hacerse de un poquito de credibilidad en el escenario internacional, hasta que el experimento de la autojuramentación de forma prodigiosa les cayó como venida del Cielo, abriéndoles de la noche a la mañana las puertas de los centros del poder mundial para recibir el dulzor de los elogios palaciegos mas encumbrados y recónditos del planeta, como para que venga ahora a producirse esta bochornosa tragedia en la que ha deparado el sainete de la chapuza guaidocista, convertida sin que ellos mismos sepan ni........

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