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Deconstruyendo la Diada

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11.09.2018

Un año más los separatistas se apropiarán de actos institucionales, de las calles, de los titulares de los medios de comunicación. Es, ya saben, la Diada Nacional de Cataluña. Un mito que, como el resto del imaginario nacionalista, se basa en una mentira. Conclusión, hoy los catalanes no tenemos nada que celebrar, como no sea la impostura.

Cuando se eligió el once de septiembre como fiesta nacional catalana – en lo de nacional habría mucho que discutir – se dijo que era porque marcaba un hito histórico en la historia de esta tierra. Según la mitografía creativa nacionalista, tal día como hoy de 1714, Cataluña salió derrotada en una guerra contra España, perdiendo sus libertades. Torra se cuidó muy mucho de contribuir a esta monstruosidad histórica cuando fue el responsable del Centro El Born, el punto cero del separatismo catalán.

Pero eso no es más que una mentira. La guerra de Sucesión fue un conflicto – por cierto, a nivel europeo, preludio de alguna manera de lo que serían las guerras mundiales del siglo XX – en el que dos pretendientes al trono de España se disputaban el pastel. La casa de Austria, por un lado, y los Borbones por otro. Ni Cataluña era por entonces independiente, ni mandaba el pueblo, signifique eso lo que sea, ni existía nada que se pareciese a un régimen democrático por la sencilla razón de que, en aquel siglo, esto de la democracia no era precisamente la última moda en materia de gobierno.

Era, pues, un asunto entre élites, ajeno a la gente que, si acaso, tomó partido por uno u otro de los dos aspirantes a la corona española y poco más. Para rematar la tremenda perversión histórica, se eligió por parte de aquel catalanismo racista y carlistón la figura de Rafel de Casanovas como mártir del sitio de Barcelona, que acabó cayendo en manos del Duque de Berwick. Pero Casanovas no fue mártir de nada ni murió agarrado al Pendón de Santa Eulalia, como se le ve en la estatua que conmemora el sitio........

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