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La ingenuidad nacional, verdadera ‘gripe’ española

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06.12.2018

Hace dos años escribí un artículo en el que analizaba que la “gripe española” en realidad nunca había sido tal, pues había nacido en los Estados Unidos. Seguidamente hacía hincapié en nuestra ingenuidad a la hora de aceptar acríticamente esa denominación (único caso de una pandemia con gentilicio nacional), hasta el punto de seguir oyendo y leyendo en medios españoles dicha referencia, casi con (ingenuo) orgullo (¡!).

Esa actitud un tanto inexplicable y bobalicona nos acompaña desde hace siglos, cuando nos creímos la “falsa” leyenda negra inventada por otros para acabar con nuestro lugar preeminente en el contexto internacional y de paso ocultar sus propias vergüenzas, mucho mayores que las nuestras. Lo extraño, y casi inexplicable en términos racionales, es que esa ingenuidad se haya consolidado como verdadero vicio nacional (más que la propia envidia), estando hoy en día más viva que nunca.

Somos ingenuos cuando aceptamos, sin revolvernos, que nos tachen injustamente de genocidas precisamente los autores de los mayores genocidios (estos sí reales) silenciados por la Historia: los que acabaron con el 95% de indígenas en Canadá, el 90% de aborígenes en Australia o el 100% en Tasmania. Los que se atrevieron a utilizar sin pudor tropas coloniales para sus guerras contra terceros, situándoles además en los puestos más peligrosos o de vanguardia: los “tirailleurs” senegaleses (en realidad de toda la África francesa) y los canadienses en la I y II Guerras Mundiales; o los gurkas en la guerra de las Malvinas. Los que casi acaban con los indígenas del norte de América (los pocos que dejaron sobreviven en reservas) se atreven a derrumbar estatuas de Colón o Junípero Serra (gran defensor de indios), pero dejan intactas las del presidente Harry S. Truman, único dirigente hasta la fecha que ha autorizado lanzar dos bombas atómicas sobre población civil.

La generación que votó........

© Vozpópuli