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Cuatro claves para entender cómo la minería devora el bosque de Camanti

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12.07.2018

(Mongabay Latam).- El pueblo de Quincemil alberga uno de los bosques más biodiversos y lluviosos del planeta. Y quienes lo conocen consideran a este espacio —capital del distrito de Camanti, provincia de Quispicanchi, región de Cusco— una gran fábrica de agua que necesita ser conservada, sobre todo tras el incremento de las actividades ilegales que amenazan la existencia de este ecosistema.

Hace poco menos de una década creció el interés por la extracción de oro en estos bosques que están conectados con Madre de Dios. Pero el problema se disparó —sostienen autoridades y expertos— con la inauguración de la polémica carretera Interoceánica Sur en diciembre de 2016, una vía construida durante los gobiernos de Alejandro Toledo y Alan García por la controvertida empresa brasileña Odebrecht.

Estas imágenes son de las quebradas del río Nusiniscato hace cinco años. Ahora lo que se ve en este mismo lugar es solo un gran desierto. Foto: Serfor Cusco

Washington Campero, poblador local que conoce muy bien la Amazonía sur, narró en una entrevista con Mongabay Latam que a lo largo de sus sesenta años de vida ha sido testigo de un cambio considerable en la zona. Campero recuerda que hace 20 años solo había siete casas en Camanti. No existía carretera asfaltada, solo una trocha que conectaba Cusco y Puerto Maldonado. Y que en épocas de lluvia, un viaje Cusco-Camanti podía demorar hasta un mes. Ahora se puede llegar a Camanti en menos de cinco horas. Y así de rápido, pueden llegar también los problemas.

“Se hizo la carretera y eso facilitó la depredación del bosque. No estuvimos preparados para tremendo impacto”, afirmó para Mongabay Latam, el alcalde de Camanti, Dante Jhoel Garate Chambi. “El problema no es la carretera en sí, el problema es que no se hicieron proyectos ni planes sostenibles previendo lo que se iba a generar”.

En 2002, bajo Resolución Ministerial número 0549-2002-AG, se crearon los Bosques de Producción Permanente (BPP) en San Martín, Huánuco, Pasco, Junín, Ayacucho, Cusco y Puno. Y los de Camanti estaban en ese grupo. Se convirtieron en un BPP de más de 171 000 hectáreas destinado al “aprovechamiento preferentemente de la madera y de otros recursos forestales y de fauna silvestre”. No se podía hacer agricultura, tampoco conservación. Sin embargo, pobladores locales, autoridades e instituciones privadas fueron testigos de la falta de fiscalización y la proliferación de actividades ilegales. “Había personas que querían dedicarse a conservar en Camanti, pero al ser un BPP no pudieron. También se fueron creando asociaciones agrícolas que trabajaban en el BPP. Y también se fueron metiendo los mineros ilegales. A partir de 2008, empezaron a entrar las primeras maquinarias de minería”, declaró para Mongabay Latam, Christian Rohner, miembro del Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (Serfor) Cusco y responsable de la Administración Técnica Forestal y de Fauna Silvestre de la región, con años de experiencia en la zona.

Sin embargo, a fines de año de 2017 se abrió una pequeña ventana que apuntaba a promover un cambio: se recategorizaron los BPP de Cusco y se convirtieron en los primeros Bosques Protectores (BP) del país. La norma señalaba que estos tendrían exactamente las mismas coordenadas y la misma área. En palabras sencillas, los BPP son lugares exclusivos para la........

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