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Esta Constitución no es la nuestra. Propuestas para una Constitución feminista

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06.12.2018

En 1978, la Plataforma de Organizaciones feministas de Madrid se movilizó para pedir la abstención en el referéndum constitucional. “No está claro que ésta sea la Constitución de la concordia y del consenso. Tampoco está claro que sea la Constitución de todos los españoles. Pero lo que sí está claro es que no es la Constitución de las españolas […] iniciaremos a partir de ahora las campañas oportunas para conquistar las reivindicaciones más urgentes que en este momento tiene planteadas la mujer española, tanto si la Constitución lo permite como si no. La Constitución ya está hecha. Ni la hemos hecho nosotras, ni tenemos posibilidad de modificarla”.

El 7 de enero de ese año, Cristina Alberdi denunciaba en El País que el texto constitucional nacía “desfasado y contestado por amplias capas de la sociedad” y que resultaría “inadecuado” mucho antes de lo esperado.

El 8 de marzo de 1978, las mujeres exigieron en las calles un proceso constituyente sensible a sus reivindicaciones, que garantizara, especialmente, sus derechos laborales, sexuales y reproductivos, y que eliminara de una vez por todas el monopolio que la Iglesia y la familia heteropatriarcal ejercían sobre sus vidas.

El principio de no discriminación ante la ley por razón de sexo, que postulaba el artículo 14, se consideraba quebrantado ya por la propia Constitución que, a lo largo de su articulado, contenía una clara discriminación explícita (prioridad del varón en el acceso a la corona) y otras tantas implícitas. Nuestra Constitución solo mencionaba a las mujeres o bien respecto del espacio y los roles de género (artículos 32.1 y 39.2), o bien en una posición que expresaba la inferioridad femenina (artículo 57.1), sin reconocer la existencia de diferentes sujetos constitucionales.

Y, hoy, esa redacción no ha sufrido alteraciones. La Constitución feminista sigue todavía pendiente.

1) Para empezar, una Constitución feminista debería regirse por el principio de paridad democrática en todos los procesos y órganos decisorios. Más allá de la igualdad formal, no hay en el texto constitucional ninguna referencia específica a las acciones afirmativas, a diferencia de lo que ocurre en otros textos constitucionales europeos. Aunque la ley de igualdad vino a paliar parcialmente esta carencia, ni garantiza las llamadas “listas cremallera”, ni ha logrado que se cumpla su mandato en los nombramientos y designaciones de responsabilidad que dependen del poder público.

Y, con todo, no hay que olvidar que esta ley, más que perfectible, fue objeto del recurso de inconstitucionalidad que presentó el Partido Popular, de manera que, si queremos evitar posibles retrocesos en la consolidación de nuestros derechos y estabilizar las trabajosas conquistas de las mujeres, no podemos garantizar la democracia paritaria en el nivel infraconstitucional. Es más, la democracia........

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