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El “imperiucho castrista”

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14.06.2018

En una situación de agonía política y económica similar a la de la corona española a fines del siglo XIX se encuentra hoy un imperio que, por minúsculo que sea, y sin logros ni glorias que exhibir, ha ejercido una malévola influencia en nuestra América Latina.

El imperio en cuestión, o más bien el “imperiucho” (por lo enclenque y diminuto que es), no es otro que el cubano-castrista. Un imperiucho que –explotando la incultura política y el fanatismo ideológico del fallecido teniente coronel Hugo Chávez Frías– logró apoderarse del país más rico en petróleo del mundo, es decir, Venezuela, del que se nutre cual una sanguijuela mientras la población de la colonia tiene que hurgar en las pilas de basura en busca de comida. Un imperiucho que ha trasladado a esa colonia millares de agentes encargados, entre otras tareas innobles, de asesorar en el espionaje de la ciudadanía y la represión de los disidentes.

El imperiucho ha logrado instalar en otras capitales de América Latina (Managua, La Paz y hasta hace poco tiempo Asunción, Tegucigalpa, Quito y Buenos Aires) procónsules que actúan en conformidad con los dictados o lineamientos de La Habana.

Por su empecinamiento ideológico, el castrismo ha realizado la contraproeza de destruir no solo la economía de Cuba sino también la de Venezuela. Y ahora que el “socialismo del siglo XXI”, de inspiración castrista, ha llevado al descalabro de la producción de crudo de Venezuela, la ya exangüe colonia venezolana ha venido comprando petróleo en el mercado mundial, por alrededor de 440 millones de dólares, para enviárselo en términos onerosos para ella a los jerarcas de La Habana.

La soldadesca del imperiucho

Al igual que el imperio español en sus postrimerías, el imperiucho castrista posee una soldadesca que se bate en retaguardia. La soldadesca en cuestión no es otra que la desgastada izquierda radical, castrochavista, de nuestro continente, la cual hace las veces de burda caja de resonancia del castrismo.

A diferencia de la española de fines del siglo XIX, la soldadesca del castrismo no arriesga su vida en un campo de batalla, pero sí se hunde moral e históricamente por justificar y diseminar a través de los medios de comunicación y las redes sociales todo lo que el castrismo decida hacer o decir o le dé a........

© El Nacional