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Corrupción, divino tesoro

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21.04.2017

La corrupción sería un asunto fascinante si la tratáramos con un poco más de curiosidad, en lugar de despacharla mecánicamente pidiendo dimisiones como un linier de brazo fácil. Salta un nuevo caso, detienen al enésimo cacique, se llama a declarar al presidente y corremos a redes y tertulias a ruborizarnos como calvinistas, segundos antes de prender la fastuosa hoguera de la purificación.

La intensidad de cada fuego, sin embargo, varía en función del combustible: el último corrupto del PP avivará la llama roja de la izquierda, mientras que la picaresca podemita arde más alto en la indignación conservadora. Pide Pablo Casado que la corrupción no sea utilizada políticamente, en aras de un compromiso transversal para combatirla mejor; pero en el país por donde vaga errante la sombra de Caín nadie está dispuesto a renunciar a su mejor baza en la lógica de la confrontación partidista. Empezando por su PP. Hoy las elecciones se pierden o se ganan ya solo por dos motivos: por una crisis económica o por un escándalo oportuno. Los programas y las ideologías solo interesan a los cerebrales y a los románticos, respectivamente.

De modo que la corrupción sigue siendo un arma cargada de futuro. A decir verdad ya lo fue en el pasado: cabe recordar, ahora que se cumple el quinto centenario de la Reforma, que Lutero nunca habría consumado con éxito su emancipación de Roma sin la ostentosa disipación de los prelados renacentistas. Personalmente sé pedir dimisiones tan bonitamente como cualquier español: ayer mismo pedí la de Aguirre y la vuelvo a pedir ahora, que no se diga. Creo que para describir este aguirrismo abierto en Canal por la operación Lezo hay que........

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