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María Alejandrina

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14.01.2018

Lo peor de llamarse Anacleto o Petronila es que la cara se te acabe pareciendo al nombre. Pero lo contrario quizás sea todavía peor: que la cara y las costumbres refuten el nombre de bautizo. Hay mucho Prudencio lengua larga, Cándido ladrón y Pura descuidada.

Se quejaba burlón Montaigne de que ya se habían perdido los nombres con carácter. Evoca algunos: Grumedán, Quadragante, Agesilán... Esos, más que nombres, eran augurios de proezas viriles y poder de fuego. La otra cara de la moneda le cayó al doctor Johnson cuando quiso incursionar y fracasó en el teatro porque, entre otras cosas, a sus heroínas les ponía los nombres más mata pasiones de todos: Zósima, Properantia, Rhodoclia… Así no hay poeta que rime un suspiro…

Quien siempre estuvo pendiente de los nombres fue García Márquez, como buen........

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