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En tierra de nadie

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11.01.2018

"Soltarlo todo y largarse, qué maravilla", reza una canción (adolescente) de Silvio Rodríguez, que (por ello mismo) resume la tentación más a mano cuando la existencia se vuelve un lastre. Algo así debió de sentir el narrador de Leñador, la última novela del argentino Mike Wilson.

"Me fui del país, buscando alejarme de todo, de la oscuridad, del pasado, de la claustrofobia, necesitaba respirar", se lee en las primeras líneas del relato. La fuga lo lleva hasta los bosques de Yukón, territorio canadiense limítrofe con Alaska, donde es acogido en un campamento de leñadores que lo iniciarán en un mundo en las antípodas del confort citadino. Un inicio idóneo para el recuento de la habitual proeza por adaptarse a un modo de vida hostil. Sin embargo, no será este el enfoque o, por lo menos, no en su veta épica.

Apenas se ha perfilado el drama, un rótulo, "Hacha", frena el empuje novelesco, propiciando una descripción pormenorizada de la forma y la utilización adecuada de la herramienta, así como de las tradiciones que han creado los leñadores en torno a ella. Una alternancia que se prolongará a lo largo del libro, asentando como testimonio lo que es puro juego de invención —de existir, el campamento se situaría más en el siglo XIX que en el actual, pese a la inclusión de elementos propios de una globalización idílica: leñadores nórdicos y caribeños que fusionan en armonía rituales y costumbres—.

Así pues, mediante viñetas de corte intimista irán desfilando los estados de ánimo, anécdotas y meditaciones del narrador. En estos interludios (que rara vez superan media página) traslucen sus rasgos —argentino, veterano de las Malvinas, acuciado por dudas existenciales o un trauma que nunca se explicita— en una prosa resueltamente minimalista (adjetivación escueta, precisa, frases cortas, sin pirotecnia), pero no desprovista de poesía. Un tono que oscila entre languidez y serenidad.

Las entradas, en cambio, a semejanza de una enciclopedia, despliegan una escritura con visos de tratado —botánica, geografía, antropología, zoología…— y, no menos, de tutorial de YouTube. De la pesca a las avalanchas, pasando por las botas, la higiene, los tótems, el clima, la muerte, el búho, la xilografía, la medicina, el cuervo, la escalada, las enfermedades, el lobo, la música, el basalto, la antropofagia y una infinidad de etcéteras, va componiéndose un abigarrado manual de instrucciones acerca de los territorios salvajes de Yukón. Aquí la narración pasa de la primera a la tercera persona con predominio del indicativo, de modo que se acota la experiencia propia en beneficio de una exposición factual, cuando no científica. Cada entrada es seguida de otra, que le sirve de precisión ("cabaña-muescas", "distracción-ajedrez"), y, a diferencia de las viñetas, las configura un solo párrafo que con frecuencia se dilata durante páginas. El énfasis del libro, más que en el narrador, recae, pues, en el mundo que lo circunda.

Leñador es sintomático del interés........

© Diario de Cuba