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12.07.2018

Hoy amanecí cisgénero: preparé el desayuno, organicé la casa, me afeité las piernas, ¡me peiné!, descongelé temprano el menú del día y me enganché una ropita formal por si viene alguien a visitarnos. ¿Qué tiene eso de raro en una mujer? Pues nada, pero yo no soy 100 por ciento «mujer», como asumiría cualquier persona que me oiga hablar de un hijo, me vea besando a un hombre o contemple las curvas que heredé de mi abuela.

A ver, sí soy una biomujer con prácticas heterosexuales, pero en el fondo de mi corazón y mis instintos más primarios, mi identidad es transgénero en el 80 por ciento de los días y así lo reconozco hasta en la radio cuando viene al caso.

De niña no me llamaron trans porque la palabrita no estaba de moda, pero no es difícil imaginar lo que murmuraban las vecinas cuando me veían correr con una tropa de primos disfrazada de Capitán Tormenta, o encaramada en las matas como la mona Chita, o acarreando herramientas de mi papá, que son, hasta el día de hoy, mi mayor........

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