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Reinventar la gestión de los medios en una sociedad más conectada

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11.01.2018

Un cuarto de siglo después de que las primeras informaciones comenzaran a publicarse de manera sistemática en la web nacional, [1] el paso de Internet por nuestras vidas ha cambiado el panorama por completo y su presencia se ha acelerado en el último año.

El 2017 será recordado como el del boom de la expansión del acceso a la red en nuestro país, con 40% de los cubanos conectados a Internet, 37% más que en 2010, y por la naturalización de la conexión a Internet en los espacios urbanos de una punta a la otra de la Isla.

Según datos oficiales, en 2017 ETECSA activó 600 000 nuevas líneas móviles, para un total de 4,5 millones de dispositivos en manos de la población. A diario se produjeron 250 000 conexiones a través de más de 500 puntos de acceso públicos en todo el territorio. [2] Cuba fue el país de mayor crecimiento en dos categorías de conectividad digital, de acuerdo con el reporte Digital in 2017 Global Overview: presencia en redes sociales —con más de 2,7 millones de nuevos usuarios y 365% de incremento respecto al año precedente— y uso de móviles para acceder a las redes sociales —2,6 millones de nuevos usuarios y un aumento de 385%.[3]

El anuncio de la ampliación de la red en los hogares y la apertura del servicio de datos móviles en 2018, llega a una sociedad altamente capilarizada por redes informales que utilizan dispositivos de segundo orden para la distribución de contenidos digitales (memorias flash, discos externos, CD, redes wifi autogestionadas, entre otras).

Más que un tema de infraestructura, como parecieran sugerir las cifras de 2017, esta realidad bosqueja los desafíos a las formas tradicionales de comunicación social en el país, al uso de los medios, al papel de los individuos en el espacio público y exige políticas, normas y formas de funcionar nuevas que deberían integrar de una manera más coherente las tecnologías, los medios, los contenidos y los servicios.

Como ocurre en la mayoría de los países del mundo, en Cuba la infraestructura de redes, la formal y la informal, va más rápido que las estructuras legales.

La existencia de modelos económico-productivos, de tradiciones de usos y consumos, y también de principios regulatorios divergentes entre industrias culturales —dentro de ellas los medios— y las telecomunicaciones, ha conspirado contra la perspectiva integrada de un megasector que hoy funciona tecnológicamente con los mismos soportes y distribuye indistintamente contenidos culturales, informaciones, comunicaciones personales y datos. En otras palabras, nuestras regulaciones tácitas o explícitas sobre los medios están divorciadas de las telecomunicaciones, y viceversa, mientras que los medios sociales ni siquiera se tienen en cuenta a nivel normativo.

Un primer esfuerzo para delinear la gestión en el escenario de la convergencia, tendría que declarar principios comunes de este megasector de acuerdo con los valores nacionales, comenzando por definiciones en torno a la propiedad de los medios y, a partir de ahí, diseñar las regulaciones específicas de cada nivel de funcionamiento.[4] En lo que se formaliza la política de comunicación, se podría avanzar en........

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