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«Hablal español»

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12.10.2018

¡Ay que felicidad, como me gusta “hablal” español!
Pedro Luis Ferrer

I

Luisa “Taco Bell” dio el campanazo de alarma: si no hablas español en Hialeah, incluso en Miami-Dade, ni un taco te puedes comer. Luisa fue despedida —es mejor ignorar su verdadero apellido— pero de alguna manera el pintoresco suceso ha coincidido con otro evento que ocupa al sur de la Florida por estos días: las elecciones de medio término.

En un reciente artículo publicado en la prensa local [i], su autor se preguntaba si sería el idioma el factor decisorio para quien desee ocupar la vacante de la congresista Ileana Ros-Lehtinen. La reñida pelea está planteada en estos términos: Dona Shalala, demócrata nacida en Cleveland, Ohio y de padres libaneses, contra María Elvira Salazar, republicana, hija de emigrantes cubanos y nacida en Miami.

Hasta hace muy poco, los anuncios de la señora Shalala eran casi todos en inglés. Y en las últimas semanas aparece la que fuera secretaria de Salud y Servicios Humanos del Gobierno Clinton con mensajes electorales en español. María Elvira, quien habla perfecto inglés, sigue confiada, “tirando” en el idioma de sus padres: esa es su base, y lo sabe bien.

Y si hablamos de elecciones, no olvidemos que de la más de media docena de candidatos republicanos, casi todos con un impresionante aval profesional y político, dos eran latinos, cubanos. Nuestro querido senador Marco Rubio, tan rápido en el pensamiento como en las dos lenguas, trató de aplastar a Ted, “Felito” Cruz diciéndole que él no entendida nada porque no hablaba español. Entonces el hijo de Eleanor Elizabeth con el refugiado político cubano Rafael Cruz demostró por qué es senador por Texas. Marco, yo sí hablo español, dijo Ted visiblemente disgustado, como cualquier cubano de Pogolloti.

Todo parece indicar que en la profundidad de la sociedad norteamericana se libra una batalla mucho más larga y obscura que la dicotomía partidista, superficial, entre republicanos y demócratas. Se trata de la preservación, si es posible el término, de una entelequia llamada ciudadano norteamericano “puro”, indoeuropeo, caucásico, “ojiclaro-pelirubio”. La forma de identificar a los invasores barbaros no es solo por el color de su piel, color de ojos o del pelo. El idioma es el corazón delator de los impostores, quienes incluso habiendo nacido aquí, y con menos dificultades idiomáticas que los cazadores de cocodrilos de la Luisiana, “no hablan bien inglés”. En fin, un choque de civilizaciones ad intra, donde todos, y sobre todo el original ajiaco norteamericano llamado melting pot, tiene mucho que perder.

II

Dígase “no habla inglés” y se ha dicho todo. A pesar de que en la nación está prohibido discriminar por sexo, religión, raza o procedencia, los dueños suelen argumentar que la persona no está apta para el empleo porque “no sabe inglés” o “tiene acento”. Es cierto que para algunos oficios en los cuales el individuo debe tratar con público diverso se necesitan empleados que dominen el idioma........

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