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Rubio y Bolton: sordos y virus

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11.01.2018

Si uno lleva suficientes años escribiendo sobre Cuba, tarde o temprano, cada vez que surge un nuevo tema, comienza a sufrir una especie de alucinación auditiva; a escuchar ciertos chirridos, algo parecido a un sonido de grillos.

No es que sea víctima de un “ataque sónico”. Es que a ambos lados del estrecho de la Florida las historias se repiten, se cuentan y escriben dos veces, con cierto empecinamiento —similar en ambos rivales políticos e ideológicos— en no dejar mal parado a Marx.

Durante una audiencia en el Senado el martes, a falta de una mejor explicación ante la incapacidad para dar una respuesta sobre lo ocurrido hace más de un año a diplomáticos y espías estadounidenses y canadienses —que en un principio se identificó como ”ataques acústicos o sónicos” y ahora tiende a referirse más vagamente como “incidentes”—, los funcionarios del Departamento de Estado recurrieron a lanzar la suposición aventurada: la posible utilización intencional de un virus para infectar a los empleados.

Aunque nadie avanzó más allá de la hipótesis, por un momento tantearon una vía con un historial de desacuerdos, desacatos y falsedades; declaraciones sin sustento para ganar favores y votos.

Todd Brown, subdirector del servicio de Seguridad Diplomática en el Departamento de Estado, no mostró pruebas para atribuir los ataques a un virus. Otros funcionarios al tanto de la investigación habían dicho antes a la Associated Press que un virus u otro patógeno no encabezaban su lista de posibles causas.

Pero la teoría del virus acaba de aterrizar en el Senado y no deja de ser tentadora, aunque peligrosa. Más cuando se contempla dentro de la trama actual, de nuevas pesquisas para sustituir a las anteriores, que no encontraron nada, y de tantas preguntas sin respuestas que acercan con fuerza al debate a “la vieja disputa entre quienes apoyan y quienes se oponen a vínculos más estrechos entre Estados Unidos y Cuba”, como bien ha señalado Josh Lederman en un cable de la Associated Press.

Y aquí es donde comienzan a oírse los grillos.

El cuento de las armas biológicas

John R. Bolton, exembajador de Estados Unidos ante Naciones Unidas y exsubsecretario de Estado —ambos cargos durante la presidencia de George W. Bush— terminó quejándose de que dicha administración, de la que ya no era miembro, no mostraba al resto del mundo su agresividad y poderío de una forma enérgica.

Es más, por aquellos años del segundo período presidencia de Bush hijo añoraba la época en que los halcones eran numerosos en la Casa Blanca, cuando cubrían todas los puestos y nada se movía que no fuera aprobado por ellos.

Esos tiempos han vuelto ahora, solo que Bolton, hasta el momento, se ha quedado fuera del reparto. Dicen que por un problema de bigote. Pero no se sabe si en un futuro más o menos cercano decidirá afeitarse o le perdonan la facha.

Bolton se hizo famoso por una actitud muy recurrida entonces,........

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