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“No tenemos ninguna relación con el Ibex. Es un infundio”

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22.09.2018
CTXT es un medio financiado, en gran parte, por sus lectores. Puedes colaborar con tu aportación aquí. A tenor de su biografía, Juan Carlos Girauta (Barcelona, 1961) ha dado tantos tumbos políticos como vitales. Abogado, rockero, doblador de películas, columnista… Esto último duele bastante porque en algún lugar he leído que se sacaba una pasta juntando letras y un servidor es muy envidioso y bastante pobre. También he sabido que en algún momento fue doctorando, aunque tuvo el buen criterio de no ponerlo en su currículo. El bloqueador de Twitter más rápido al oeste del río Pecos no es tan fiero en persona. Si uno fuera un buen periodista le hubiera preguntado si la lámina de ‘El abrazo’ de Genovés que cuelga en su despacho del Congreso es anterior a los arrumacos de Albert Rivera con Pedro Sánchez o consecuencia de ellos. Girauta cree que habrá elecciones lo más tardar en marzo del año que viene y que lo de pactar para Ciudadanos forma parte de su cultura. Conocerán la frase de Simone de Beauvoir: “Es lícito violar una cultura con la condición de hacerle un hijo”. Con eso está todo dicho. ¿Qué es más importante en política? ¿Los principios o adaptarse a las circunstancias y surfear las olas de las encuestas? Hay una política en la que se puede jugar a surcar bien las olas pero no es la que me interesa. Arriba de la jerarquía coloco los principios. Sin ellos, ¿para qué hacemos política? ¿Es injusta por tanto esa etiqueta que les tilda de veletas, de cambiar de opinión y de valores según les conviene? No considero que la adaptación a la realidad sea un defecto. Pero es que ustedes no dejan de adaptarse. Le pongo el caso de su pronunciamiento solemne de no apoyar nunca un Gobierno de Mariano Rajoy… Es un ejemplo vistoso. Yo como portavoz he asumido el coste de ese discurso. Pero tiene su lógica. Dijimos que nunca bajo ningún concepto íbamos a apoyar al señor Rajoy y nos encontramos con que el PP gana las elecciones y vamos a unos segundos comicios en los que es el único partido que sube y todos los demás bajamos. En unas terceras elecciones, el PP habría seguido subiendo –era nuestra convicción– y todos los demás hubiéramos bajado. El proyecto de Ciudadanos se podía haber ido ir al garete por una sucesión de infortunios que tienen que ver con la imposibilidad de formar gobierno. Es decir, que apoyar a “quien cobró de Bárcenas”, como se referían entonces a Rajoy, era para C’s una cuestión de supervivencia. No. Fue una cuestión de aceptar un Gobierno del PP con más votos todavía, quizás con mayoría absoluta, o ceñirlo con un acuerdo de investidura. Esta última fue nuestra opción. Hay un componente en la política que no se puede negar: el realismo, el sentido práctico. Al final, sujetamos a ese Gobierno, y conseguimos introducir en dos Presupuestos Generales del Estado algunas políticas que para nosotros eran cruciales. Con una parte del acuerdo que era la regeneración pudimos insistir una y otra vez, y el día de la sentencia de la Gürtel dimos el acuerdo por roto y dijimos que Rajoy se tenía que marchar. Cuando vimos que en la parte de regeneración nos estaban tomado el pelo, rompimos con el PP. Se les acusa de ser el partido del Ibex. ¿Cuál es la relación del partido con el mundo del dinero y las grandes empresas? Ninguna. Es un infundio, un cliché insistente que conviene a alguna gente. El dinero mueve montañas y también principios. Le recuerdo cómo justificó Albert Rivera la alianza de Ciudadanos con Libertas, esa plataforma eurófoba y bastante xenófoba, en las Europeas de 2009: “Cuando se pone encima de la mesa esa cantidad de dinero, te lo piensas”. ¿Pronunció esa frase? La pronunció. No sé el contexto pero no me imagino a Albert Rivera diciendo una cosa así. Ahora bien, lo que sí puedo explicar respecto a la decisión de acudir con Libertas es que mi entrada se produce después de esas elecciones con una reflexión de Albert Rivera reconociendo el error y el principio de una nueva etapa. Recuerdo una reunión con Francesc de Carreras pegando un chorreo a la ejecutiva del partido sobre el dislate que había cometido. No he visto en muchos partidos semejante autocrítica. Es bueno reconocer cuándo uno ha metido la pata. De ese error quizás sea el origen de otras acusaciones que se les hace: que son un partido de ultraderecha y neofascista. No. Eso viene, en el caso de Cataluña, de la identificación del nacionalismo con lo bueno, y la de quien se enfrenta al nacionalismo con el estigma de la extrema derecha. Me sabe mal........

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