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Nicaragua, hora cero

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18.06.2018

No hay otra salida de la situación en la que se encuentra la tierra de Rubén Darío y de Sandino que la renuncia inmediata del poder de Ortega y Murillo

El comandante Daniel Ortega, amo y señor de Nicaragua desde el año 2007, ha propuesto adelantar a 2019 las elecciones a fin de seguir un año más en el poder, durante el cual piensa, sin duda, encontrar nuevas tretas que le permitan eternizarse en esa presidencia a la que llegó mediante una mazamorra electoral en la que se mezclaban residuos del sandinismo, empresarios mercantilistas y purpurados católicos como su antiguo adversario, el cardenal Miguel Obando (recientemente fallecido), a quien ganó para su causa con una oportuna conversión y haciendo que lo casara con su antigua compañera y cómplice, la actual vicepresidenta Rosario Murillo.

Como a todos los tiranuelos, al comandante Ortega la codicia de poder lo ciega y no le permite ver que, pese a las matanzas que su policía política y los parapoliciales sandinistas siguen perpetrando —cuando escribo este artículo hay ya 160 muertos y más de un millar de heridos—, su impopularidad es gigantesca. Ella abraza prácticamente a todos los sectores sociales, empezando por los empresarios, que han decretado un paro nacional exigiéndole la renuncia, y siguiendo con los estudiantes, los obreros, los campesinos, la Iglesia Católica, es decir, el grueso de una sociedad a la que la corrupción, los robos, la demagogia, la censura, los crímenes y el desenfreno de la pareja gobernante han llevado a movilizarse, con gran gallardía, para poner fin a uno de los regímenes más abyectos de la historia centroamericana.

La historia del comandante Ortega es digna de ser novelada. Luchó contra la dictadura de Somoza, fue a la cárcel por ello, y cuando triunfó la revolución encabezó el Gobierno sandinista. En 1990, derrotado en las elecciones por Violeta........

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