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Las mafias del transporte público colectivo de pasajeros se activan en el golpe

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14.06.2018

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Las mafias imponen su ley

El transporte público colectivo superficial de pasajeros, en el marco de la agresión internacional que enfrenta Venezuela, es un tema de seguridad de Estado. El enemigo está financiando el colapso del sistema de transporte y ello obliga a que éste no pueda continuar exclusivamente en manos de particulares, como ha venido ocurriendo hasta ahora. Las mafias que lo controlan han conseguido imponer su propia ley, haciendo nugatorias todas las regulaciones de las Alcaldías y del Gobierno Nacional. Han logrado sembrar el caos en todas las ciudades, en particular en la propia capital de la República, donde obstaculizan a su antojo el cumplimiento de las actividades de trabajo de los usuarios, la asistencia a clases de los estudiantes, el acceso de los pacientes a los servicios de salud, las compras de bienes y, en general, el necesario traslado de las personas de un lugar a otro.

Ante la impotencia de las Alcaldías y de una eficaz respuesta de las autoridades nacionales, los usuarios para cumplir con sus actividades cotidianas deben pagar el pasaje al precio impuesto y cobrado a la fuerza, por encima de toda normativa legal y ajustarse a las rutas y horarios fijados por la delincuencia autobusera.

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El saboteo electoral

Estas mafias, al ser tocadas por el enemigo, han devenido en activistas políticos, y participaron activamente en el plan destinado a frustrar el proceso comicial para elegir al Presidente de la República, procurando activamente la abstención de los electores. Desde la ventanilla del conductor, un día antes de las elecciones, se arrojaban billetes enteros de Bs 50 y Bs100 frente a los centros de votación, con el propósito de desacreditar nuestro signo monetario, afectar anímicamente al elector, desesperarlo, conducirlo al paroxismo extremo de considerar que "aquí nada sirve" y culpabilizar de todo al Gobierno Revolucionario, al que no valía la pena respaldar con el voto. La acción era articulada, con cartelitos en los parabrisas de los buses donde se imponía el pasaje desde Bs2000, ya tasado ilícitamente, a Bs5000 y 7000, y que a la vez acusaban: "la culpa no es nuestra", y se sacaba de circulación, como si se tratara del Banco Central, parte del cono monetario, al imponer que no se recibían billetes de aquella denominación; entretanto, el "cobrador o colector", un nuevo sujeto intimante incorporado al servicio, trataba de convencer a los pasajeros que el aumento no era nada porque el Bolívar no tenía ningún valor.

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La máscara de las cooperativas

Es bueno resaltar, que la mafia autobusera, que sustituyó al monopolio del transporte público colectivo de pasajeros de Caracas, dominado en tiempos de la Cuarta República por un grupo de lusitanos que huyó del país, tras demandas interpuestas en su contra por violar regulaciones gubernamentales en críticos momentos políticos que exacerbaron los ánimos del pueblo, esconde su rostro tras la máscara de las cooperativas.

Esta denominación no es más que una mera fachada para ocultar sus actividades. En su espíritu de lucro incontrolado, ajeno a toda ética, sin que les importe la suerte del país, estas pretendidas cooperativas se parecen –valga la comparación- a todas aquellas innombrables O.N.G. que amparándose en una supuesta defensa de los derechos humanos venden........

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